Llevo unos días en plena parálisis bloguera no, como podría suponerse, por falta de temas, sino precisamente por lo contrario. Mi lista de temas pendientes crece y crece, y no acierto a elegir cuál debería ser el primero. L'embarras du choix, como dicen los franceses. Total, que seguía hoy perpleja ante las numerosas opciones posibles cuando he dado con este artículo del Publishers Weekly que habla sobre cómo se están transformando (en USA, se entiende) las presentaciones de libros a raíz de la influencia de las redes sociales en la lectura. Comoquiera que desde hace años pienso que las presentaciones de libros son un rollo, que -como sabe todo aquel que haya trabajado en el negocio editorial- sólo sirven para dejar contentos a la madre, tías y quizá algún primo del autor, que suelen ser los únicos que asisten a tales eventos, el tema ha pasado automáticamente a encabezar el ránking. De modo que ahí va la pregunta: ¿Es posible transformar las presentaciones de libros? Vaya por delante que el formato actual más habitual en España es distinto que en otros países de nuestro entorno. En Alemania, por ejemplo (y en USA, por supuesto), las presentaciones suelen consistir en lo siguiente: llega el autor, se sienta y se pone a leer de su libro; el público escucha con atención y cuando la cosa acaba, aplaude educadamente y se va. Aquí, por regla general, a los libreros y editores que organizan los actos les parece que eso de escuchar leer es un aburrimiento, de modo que nada de lectura. Una genuina presentación española consiste en que uno o varios colegas del autor se marquen un discursito sobre lo bien que lo hace Fulanito y lo interesante que es la novela en cuestión. Sólo les falta decír "¡cómprenla!" (bueno, en ocasiones lo hacen, yo lo he oído). Luego el autor, a su vez, tras agradecer la amabilidad de los presentadores, se quita méritos (o no) e incide en lo mucho que le costó escribir el libro, lo excelentes que han sido sus editores, etc. etc. Total, que el ego de unos y otros sale reforzado del acto, pero los asistentes que no conocieran de antemano la obra del escritor de marras se quedan sin saber cómo escribe. Claro que esto último no suele tener mucha importancia, porque como he dicho la mayoría de los asistentes son familiares o amigos del autor, que ya estaban convencidos de antemano. Las cosas sólo funcionan de otro modo cuando el libro que se presenta es de un autor hiper-mega-conocido, en cuyo caso la asistencia es masiva y entusiasta y es igual lo que digan los presentadores, porque los fans se lo van a comprar igual.
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| La librería española en Berlín, Rayuela, organiza presentaciones que, al modo germano, son lecturas |
Volviendo a la pregunta inicial: ¿es posible pensar en otro formato? Y, como apunta el Publishers Weekly, ¿influirán las redes sociales en las presentaciones de libros? Ellos también apuestan por eliminar las lecturas, pero no para sustituirlas por una catarata de elogios mutuos (y huecos), sino para convertir el acto en una ocasión para que los lectores se sientan más cerca del autor y también se relacionen entre ellos. Presuponen, claro, que el autor ya es conocido -es decir, que a través de las redes se habrá hecho con un cierto número de seguidores- y que esos seguidores a su vez han interactuado antes virtualmente, con lo cual la presentación se convierte en una especie de "quedada" en la que pueden conocerse mejor y afianzar sus relaciones. No estoy muy segura de que este formato funcione, pero lo que sí sé es que algo hay que hacer con las presentaciones. Porque, como voraz lectora, puedo decir que prefiero quedarme en casa leyendo un libro que perder esas preciosas horas en una presentación. Quizá es que los lectores somos así, seres huraños y poco sociables. Pero en ese caso, ¿por qué molestarse presentando nada? La mejor pressentación, sin duda, es la propia lectura.



















