John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

jueves, 5 de diciembre de 2013

STONER, EL TRIUNFO DEL HOMBRE TRANQUILO



Stoner, de John Williams, un libro que se publicó en 1965, que se vendió muy regularmente y que poco después desapareció de las librerías, ha ganado el premio al Libro del Año de la cadena de librerías Waterstones en Gran Bretaña. Se trata de un galardón que otorgan los propios libreros, entre las obras que durante ese año han destacado más: no las más vendidas, sino las que mayor entusiasmo han despertado entre los lectores. Un caso verdaderamente raro, pues se trata de una novela “tranquila”: no hay acción, ni tesoros ocultos, ni escenas de sexo subidas de tono, ni ningún otro elemento de esos que arrastran al público. Ni siquiera el título es demasiado prometedor. Stoner –apellido del protagonista- relata la vida de un oscuro profesor de universidad, al que no le ocurre nada relevante. Nada más relevante que la propia vida, que no es poco si se cuenta con un narrador tan potente como John Williams. Ian Mc Ewan la ha elogiado en público, Brett Easton Ellis dijo de ella (en twitter, nada menos) que era el mejor libro que había leído este año y Colum McCann la llamó “una de las grandes novelas olvidadas del siglo pasado”.
Este renacer –sobradamente merecido- de una obra sepultada en la oscuridad de los anaqueles tiene algo que sin duda le habría agradado mucho al propio Stoner, él también un hombre discreto, poco dado a llamar la atención, pero firme en sus convicciones. La novela fue reeditada en 2006 en Estados Unidos por la New York Review of Books, dentro de su serie “Clásicos” (aprovechemos para elogiar una vez más el fino olfato de estos editores para detectar verdaderas joyas literarias). Según se cuenta, Colum McCann, entusiasmado por la novela, compró cincuenta ejemplares y se dedicó a regalárselas a todos sus amigos, creando de este modo una oleada de popularidad para el libro. Esta nueva visibilidad, a su vez, propició que se tradujera a otros idiomas. En Francia, lo tradujo la novelista Anna Gavalda, que a su vez había oído hablar de él a sus conocidos americanos. En los Países Bajos encabezó la lista de bestsellers durante varios meses. En España lo ha publicado una pequeña editorial tinerfeña, Baile del Sol, y creo que acumula ya varias reediciones.

John E. Williams

Lamentablemente, su autor, John Williams, fallecido en 1994, no ha podido ver cómo los inescrutables vericuetos del destino y del gusto literario son capaces de convertir en éxito mundial un libro que no alcanzó a vender más de 2.000 ejemplares de su primera edición. Es posible que tampoco le hubiese importado mucho.
El propio Stoner, que tiene algo de trasunto del autor, también profesor de literatura, escribe un libro que pasa inadvertido. Al final de la novela hay una frase muy hermosa, que podría seguramente aplicarse a su autor: “Poco le importaba que el libro fuese olvidado y que no tuviera utilidad, y la cuestión de su valor en cualquier época parecía casi trivial. No tenía la ilusión de encontrarse a sí mismo allí, en las letras desvaídas, aunque, lo sabía, una pequeña parte de él que no podía negar estaba allí, y estaría allí”.
En cualquier caso, les recomiendo que se aprovechen de este milagroso renacer para leer una novela que seguro no olvidarán.
 

lunes, 2 de diciembre de 2013

EL LIBRO Y SUS ARTÍFICES (III): TAREAS EDITORIALES

Después de las entrevistas con otros dos eslabones esenciales del proceso de fabricación de un libro, el diseñador y la traductora, le llega hoy el turno a una parte de la edición seguramente aún menos conocida que las anteriores: lo que llamamos (a falta de un término mejor) "tareas editoriales", que engloba todos los aspectos de preparación del original, desde el punto en que ha recibido el visto bueno del autor y de su editor hasta que queda verdaderamente listo para ir a la imprenta. Aunque haya gente que piense que este es un eslabón innecesario -"le pasas el corrector del Word y ya está"-, el tratamiento del texto por profesionales es y seguirá siendo un paso ineludible si se quiere lograr una edición de calidad. Entrevistamos hoy a Francesc Ribes y Olga García, responsables de Conbuenaletra, una empresa de tareas editoriales, para que nos cuenten en qué consiste exactamente este trabajo.


Los dos integrantes del equipo de Conbuenaletra
Lleváis años trabajando para diversas editoriales y abarcáis un abanico muy amplio de tareas, desde la creación de contenidos o la traducción hasta la entrega del documento listo para imprenta (y creo que últimamente también habéis entrado en el mundo de la edición digital), pero en esta entrevista me gustaría centrarme en una parte de la labor editorial que suele ser muy poco conocida por los lectores, como es la preparación del original (lo que en el mundo anglosajón se llama copy-editing) y la maquetación.
¿Podríais explicarnos qué pasos implica esta labor y en qué consiste vuestro trabajo en cada uno de ellos?

Francesc: Depende del libro y del sistema de trabajo del cliente (la editorial). Lo que es común en casi todos los casos es la adaptación del original a las normas de estilo de cada sello (tipos de comillas, guiones, abreviaturas, etcétera). Ya en esta fase suele tratarse de un trabajo complejo, ya que poco tienen que ver los requisitos formales de una guía de alpinismo de la editorial Desnivel y una novela que publicará Espasa, por poner dos ejemplos diametralmente opuestos. Se corrigen también erratas, errores ortográficos, la puntuación... Esto en cuanto a la forma. A partir de ahí, y en paralelo, la edición del original supone revisar la sintaxis, resolver incoherencias, reparar fallos, comprobar datos, unificar nombres, topónimos, etc.; en definitiva, sugerir cambios que mejorarían el texto, en nuestra opinión, claro.
Olga: En algunos casos, se arregla directamente el original, en otros —la mayoría— se señala lo que, según nuestro criterio, debe cambiarse, corregirse, aclararse o mejorarse, y son la editorial y el autor los que toman la decisión final. Si, por el motivo que sea, el autor no está disponible, el editor que te encarga el trabajo es quien finalmente decide sobre los cambios que propones.
Francesc: Por otra parte, no es lo mismo trabajar con originales que te ha entregado una editorial que hacerlo, por ejemplo, con un autor que quiere autopublicarse. En el primer caso tratas con profesionales que hablan tu mismo idioma, mientras que en el segundo tienes que añadir una faceta, digamos, didáctica a tu trabajo: en ocasiones debes explicar al autor la razón de los cambios que propones; a cambio, tu capacidad de actuar sobre el original suele ser más amplia (y divertida, y libre, para qué mentir).

Uno de sus últimos trabajos

No existen, que yo sepa, estudios reglados que faculten para desempeñar estos trabajos. ¿Cómo se hace para introducirse en este mundo?

Francesc: En los cursos de posgrado o másteres de edición que conocemos es un tipo de trabajo que se menciona o al que se le dedica una pequeña parte del temario, pero en el que no se profundiza, probablemente porque posee tantas peculiaridades como editoriales existen y es un conocimiento que solo se aprehende con la experiencia.
Olga: Huelga decir que los entresijos de la lengua de publicación se estudian en la facultad; la gramática, la sintaxis y, en general, todas las reglas y normas que definen el lenguaje no se aprenden en unos meses, obviamente. Y además hay que leer mucho, estudiar, sentir curiosidad por la lengua, consultar el diccionario y los manuales que sean necesarios ante cualquier duda que surja, estar al día de las herramientas que tienes a tu disposición... Yo siento pasión por la lengua, no me cabe ninguna duda de que esta es mi vocación. Llamadme rarita, pero yo disfruto leyendo sobre gramática o consultando el diccionario.

¿Qué cualidades os parece que debe tener alguien que quiera dedicarse a esta profesión?

Olga: Lógicamente, un conocimiento experto de la lengua, una buena cultura general y mucho sentido común. Tampoco te hará daño ser una persona curiosa y hasta concienzuda. Para rizar el rizo, y dejando de lado la ficción, saber de la materia que trata el libro ayuda muchísimo y se va a notar en el resultado final. Ah, y sentido común. ¿Ya lo había dicho? Pues más sentido común.
Francesc: Poseer un cierto conocimiento más o menos experto de la materia que trate el libro ayuda, y mucho. Por ejemplo, nosotros hemos escrito guías sobre turismo, sobre gastronomía y sobre temas afines, como el turismo del vino. Eso siempre ayuda a la hora de editar una guía o un libro de cocina, por ejemplo. Permite detectar los errores y lograr un texto mejor editado. Esto es importante sobre todo en libros de no ficción, y el lector sabrá apreciarlo: las consecuencias de escribir «sonreír» sin tilde no son las mismas que utilizar 300 gramos de harina cuando deberían haber sido 100.

Os ocupáis también de muchos libros ilustrados. ¿Qué retos específicos plantean los libros con imágenes?

Olga: No creo que el trabajo sea distinto. Quizá en los libros ilustrados tienes que estar más atento a la coherencia entre texto y foto, y tal vez debes observar las páginas con más atención, o, mejor dicho, como un todo. Suelen ser libros con poco texto, pero no por ello requieren menos atención. Es decir, a veces dedicas el mismo tiempo que podrías haber invertido en una novela, pero solo cobras una tercera parte. Para quien no lo sepa, los correctores de pruebas o de estilo cobramos por matrices (también llamados «caracteres»): una matriz es el espacio que ocupa o podría ocupar una letra o un signo dentro de un texto.

Conbuenaletra es una empresa con dos cabezas. ¿Cómo soléis repartiros el trabajo?

Francesc: Olga es filóloga y yo, periodista. Eso ya significa algo: que ella está más atenta y preparada para revisar la forma de los textos, mientras que yo me dedico más a verificar, completar o crear contenidos. Además ella es una persona muy creativa, con muchos intereses en ámbitos muy diversos, lo que siempre es positivo en la corrección y edición de libros. No obstante, no somos compartimentos estancos, muchas veces intercambiamos los papeles.
Olga: Francesc posee una excelente visión de conjunto del sector del libro. Es la persona que yo conozco que más informada está de lo que ocurre en este mundillo y de hacia dónde apunta el futuro del libro. Yo creo que nos complementamos muy bien y nos conocemos aún mejor, y que la esencia de Conbuenaletra se basa en el equilibrio que hemos conseguido, a pesar de que nuestras preferencias como lectores sean tan distintas, o precisamente por ello, quién sabe.



La crisis económica y el cambio tecnológico (combinación que algunos han denominado “la tormenta perfecta”) han hecho estragos en el mundo editorial. Imagino que vosotros, como todos los involucrados en este negocio, lo habréis notado. ¿Cómo veis en estos momentos el futuro de vuestra profesión?

Francesc: Habría que añadir que este es un negocio tradicionalista y poco amigo de los cambios, al menos en España, lo cual empeora las cosas. Si miramos nuestra facturación, el futuro es más bien negro o negrísimo, porque las editoriales, además de pagar poco (como han hecho siempre) ahora lo hacen cada vez más tarde.
Por otra parte, el cambio tecnológico ha derribado las barreras entre el autor y el lector. Las editoriales han perdido el monopolio de lo que se publica y lo que no y eso, al menos en teoría, aumenta el número de nuestros clientes potenciales: desde autores que quieren autopublicarse hasta entidades ajenas al mundo del libro, que disponen de contenidos que merecen publicarse, pasando por los actores de la cadena del libro que poseen el criterio necesario para saber qué vale la pena publicar, como, por ejemplo, los agentes literarios o nosotros mismos. En ese sentido, el llamado «cambio de paradigma» nos abre otros escenarios profesionales y en algunos de ellos ya estamos actuando. Nuestros clientes ya no son solo editoriales. Trabajamos con autores, ya sea editando sus obras para que se autopubliquen, ya sea promoviéndolas entre las editoriales que conocemos; asimismo, hemos editado o creado contenidos para bodegas que deseaban renovar su imagen o disponer de información de calidad sobre sus productos o sobre sus atractivos turísticos. En este sentido, cabe recordar que no solo editamos o corregimos libros, también desarrollamos proyectos editoriales que incluyen diseño, maquetación, fotografía o ilustración, pues contamos con excelentes colaboradores. Quien visite nuestra web (www.conbuenaletra.com) verá que nuestro perfil es bastante multidisciplinar, y eso es así porque nos gusta (tenemos intereses variados) y por puro instinto de supervivencia.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

6 LECTURAS PARA NOCHES DE FRÍO



Por fin llegó el invierno, "and with a vengeance", como dicen los ingleses. Casi de repente, hemos pasado de ir en manga corta a abrigarnos con bufandas y plumones. Pronto se hace de noche, y la caída de las temperaturas invita a refugiarse en casita, con una bebida caliente y frente a un fuego crepitante. Igual que en verano apetece tomar zumos, ensaladas o gazpacho, ahora nuestro organismo pide espesas sopas humeantes y guisos de los que han estado muchas horas cociendo. Y si el frío condiciona el alimento de nuestro cuerpo, también nuestro espíritu requiere lecturas adecuadas a la estación más inclemente del año. Novelas donde hace frío, para que el contraste entre lo de fuera y el cálido interior donde las leemos sea más pronunciado. Novelas donde suceden terribles tragedias, o quizá sólo dolorosos desgarros personales, donde reina la oscuridad y, a veces, la traición.
 
Si a ustedes les sucede como a mí, si su yo lector reclama devorar libros invernales, en el más amplio sentido de la palabra, aquí tienen algunas sugerencias. ¡Abríguense bien!
 
 
 
La historia de Buck, el perro que tiene que aprender a tirar de un trineo y a sobrevivir en la fría Alaska, llena de nieve, frío, lealtad y venganza, tiene todos los ingredientes para ser leída mientras nos abrigamos aún más con la mantita.
 
  




Emily Brontë-Cumbres borrascosas

Imposible evitar estremecerse con la historia de Catherine y Heathcliff, apasionada y romántica. Emily Brontë sabe evocar como nadie los desolados páramos de Yorkshire. Ya lo dijo Virginia Woolf: «Con un par de pinceladas podía conseguir retratar el espíritu de una cara de modo que no precisara cuerpo; al hablar del páramo conseguía hacer que el viento soplara y el trueno rugiera.»






E. Annie Proulx-Atando cabos


 De los páramos ingleses a las costas de Terranova. Igualmente ventosas, y muy frías, por supuesto. Esta novela sobre un viudo con dos hijas que regresa a su pueblo natal para escribir en el periódico local, comprarse una barca y hacer nudos marineros, mientras otros nudos existenciales se desenredan (o no) a su alrededor, obtuvo el premio Pulitzer y el National Fiction Award. Su sutil humor negro reconforta entre tantas tormentas.







Nikolai S. Leskov-Lady Macbeth de Mtsensk

Si se trata de ambientes fríos, por supuesto no podían faltar los autores rusos. La lady Macbeth eslava del relato que da título a este libro resulta tan sangrienta como la original, en versión rusa. Es decir, más rústica y aún más brutal. Y el resto de relatos son también representativos del país, desde los refinados ambientes peterburgueses hasta alguna sórdida historia de desavenencias matrimoniales.





 Anton Chejov-La isla de Sajalín

Casi cualquiera de las obras de Chejov es buena compañía para las noches invernales. No sólo es el frío, que hace acto de presencia más de una vez, sino su cuidadoso despiece del alma humana lo que acompaña su lectura. Pero la isla de Sajalín, por una vez, no es ficción, sino reportaje. Crónica de unos meses pasados por el autor en esa salvaje y remota isla, una colonia penitenciaria regida por normas inicuas.





Caroline Alexander-Atrapados en el hielo


Para frialdad máxima, las expediciones polares. No podía faltar en este paseo por los lugares inhóspitos -qué bien se está acurrucado en el sofá bien calentito, ¿verdad?- un vistazo a la odisea de Shackleton y sus hombres entre los hielos de la Antártida. La edición cuenta además con las fotos originales de uno de los integrantes de la expedición, Frank Hurley. Eso es como ver los hielos en primera fila.








sábado, 23 de noviembre de 2013

RECUERDOS FUNERARIOS DE ESCRITORES

Mano de Chopin. La que yo recuerda era bastante más siniestra.
Quizás era otra...
Seguramente mi primer encuentro con los recuerdos funerarios data de cuando tenía ocho o nueve años: mi profesora de piano tenía sobre el instrumento la escultura de una mano. Según me dijo en respuesta a mi inevitable curiosidad  -esa mano desprovista de todo vínculo con el resto del cuerpo era algo nuevo e intrigante para mí-, se trataba de un molde de la mano de Liszt (o Chopin, no sé bien cuál de ellos dos) tomado en su lecho de muerte. Desde el momento en lo supe, esa mano como de ultratumba me produjo un respecto muy cercano al temor. 
Andando el tiempo, por supuesto, descubriría que el afán por conservar algún recuerdo físico de un gran personaje es algo muy común, vinculado a los ritos funerarios, propios de todas las civilizaciones: la necesidad de honrar y recordar a los muertos. La iglesia católica lo hace con los santos -¡esos increíbles e imaginativos relicarios que pueblan los altares y las sacristías!-; también se prodiga con los grandes hombres (las máscaras mortuorias de Napoleón o de Isaac Newton  pueden admirarse en Los Inválidos de París y en la Royal Society de Londres respectivamente) y, cómo no, el culto por la reliquia se extiende también a los escritores.
 
Máscara mortuoria de Napoleón
La Beinecke Library -una de las mayores bibliotecas especializadas en manuscritos y libros raros, que forma parte de la Universidad de Yale- cuenta entre sus colecciones con varios de estos recuerdos funerarios. De la lista de sus piezas más relevantes podemos destacar:
 
-Rizos de pelo de Robert Louis Stevenson (1855)
-Carta de Elizabeth Barrett Browning a Hugh Stuart Boyd que contiene un mechón de pelo de la autora (1848)
-Carta de James Fenimore Cooper a su mujer, igualmente con un mechón de pelo del autor (1851)
(Decididamente, a mediados del siglo XIX lo de mandar mechones de pelo a todos tus conocidos parece haber causado furor. Es de esperar que no se prodigasen en exceso, o nos imaginamos a todos esos escritores yendo por ahí trasquilados.)
-Dientes de Ezra Pound (¡Urgh!)
-Máscara mortuoria de Thornton Wilder
 
Así que ya ven, las bibliotecas no sólo guardan libros y manuscritos. También otros restos materiales de los escritores. Personalmente, por mucha que sea mi admiración por un autor, no me gustaría contemplar a menudo su máscara mortuoria. Y sobre los dientes, mejor no decimos nada.
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

LITERATURA MARCIANA


Nosotros, los humanos, hemos sentido desde hace miles de años una gran fascinación por Marte, el planeta rojo. Los romanos lo bautizaron con el nombre del dios de la guerra, los astrónomos se dedicaron a observarlo e incluso a cartografiarlo cada vez que su órbita le acercaba a la Tierra (el primer mapamundi de Marte data de 1837) y la idea -sostenida por algunos astrónomos y por muchos aficionados al esoterismo- de que podría contener vida de algún tipo ha dado pábulo a infinidad de especulaciones. Fantasías que han encontrado frecuentemente reflejo en la literatura. La Guerra de los mundos de H.G. Wells describía a los marcianos como una especie de pulpos muy poco amistosos, mientras que Edgar Rice Burroughs hizo que su héroe John Carter se beneficiase de la sutilidad de la atmósfera marciana, lo que le convertía en un poderoso guerrero, capaz de acabar con cualquier humanoide que se le pusiese a tiro.


Pero bueno, ya hemos llegado a Marte. No como a la Luna, donde desembarcamos a un puñado de astronautas para retirarnos rápidamente, a la vista -sin duda- del poco interés de nuestro satélite. De momento sólo estamos en fase de acercamiento al planeta marciano y se supone que esas sondas que la NASA envía periódicamente nos dirán, algún día, si contiene o no formas de vida y si debemos temer algo de ellas. En lo que me parece una suprema muestra de ingenuidad, leo que el cohete que será lanzado mañana, 18 de noviembre, desde la base John F. Kennedy -pocos días antes de que se cumpla el 50 aniversario del asesinato del presidente que le dio nombre y que comenzó la carrera espacial que nos llevaría hasta aquí-, cuya misión consiste en recopilar una serie de datos sobre la atmósfera marciana, llevará un DVD que contiene, además de una serie de muestras artísticas, la friolera de 1.500 poemas (haikus, para ser exactos), elegidos por votación pública. Se me escapa la utilidad que un DVD como éste (no dicen si el aparato está provisto también de un reproductor de DVD, aunque ¿sabría un marciano cómo utilizarlo?) pueda tener para los hipotéticos habitantes de Marte. Quizás sólo pretenden que se quede ahí, vagando por el cosmos infinito, en la esperanza de que algún día una civilización superior -o nosotros mismos, en un estadio más avanzado de la Humanidad- sea capaz de descifrarlo.
En cualquier caso, yo ya hace mucho que me he formado mi idea de qué y cómo son los marcianos. Concretamente, desde que leí las Crónicas marcianas de Ray Bradbury y caí bajo su poderoso influjo. Hace poco, releí uno de los cuentos que contiene, "La tercera expedición". En él, la misión terrestre se encuentra en Marte con un pueblo calcado a los del Medio Oeste americano de veinte o treinta años atrás, y en sus casas -para gran asombro suyo- viven sus propios padres, madres, hermanos... todos aquellos seres queridos que murieron y que, milagrosamente, han revivido a tantos kilómetros de la Madre Tierra (advertencia: no siga leyendo si no conoce aún el relato, porque viene un spoiler). Por supuesto, hay trampa. Pero la idea es tan atractiva, tan humana, corresponde tanto a lo que sería nuestro deseo más vehemente, que el lector, como los propios astronautas, quiere creérselo con todas sus fuerzas.

"Fue una hermosa y larga tarde de primavera. Después de una prolongada sobremesa se sentaron en la sala y el capitán les habló del cohete, y su hermano y los viejos asintieron, y mamá no había cambiado nada, y papá cortó con los dientes la punta del cigarro y lo encendió pensativamente, como en otros tiempos."

Si existiese una remota posibilidad, aunque fuese por unos breves instantes, de que algo así ocurriese, creo que a mí tampoco me importaría embarcarme en uno de esos cohetes, y tomar tierra en Marte. Aunque, como les ocurre al capitán Williams y a sus compañeros, tuviese que morir después.

lunes, 11 de noviembre de 2013

MENÚ CON LIBROS

(Foto cortesía de Kim Knox Beckius)
Las grandes ideas son sencillas. Aunque, inevitablemente, luego todo el mundo piensa, "tan fácil como era, ¿por qué no se me ocurriría a mí?". Eso es lo que me ha ocurrido al enterarme de la idea que ha tenido un señor de Connecticut, Estados Unidos -tenía que ser- para deshacerse del exceso de libros que había acumulado a lo largo de los años. (Como recordarán mis amables lectores, ese es un tema al que llevo dando vueltas últimamente. Por supuesto mis ideas al respecto ni de lejos alcanzan la genialidad de este señor.) La belleza del sistema de  este tal Marty Doyle reside en que llena varios deseos distintos al mismo tiempo: por un lado, él se libra de los volúmenes que le sobran; por otro, los receptores de los mismos cumplen un arraigado deseo bibliómano, como es poder comer en una biblioteca, o leer en el restaurante (no sé ustedes, pero a mí me chifla leer mientras como).  Se trata de lo siguiente: un restaurante, el Traveler Restaurant, totalmente forrado de estanterías repletas de libros. Junto con su pedido de hamburguesa, fish and chips o ensalada de col -vale, la comida no parece de primer nivel, pero no se puede tener todo- los clientes tienen derecho a escoger hasta tres libros entre todos los disponibles en el local, y llevárselos a casa cuando acaban de comer. Gratis. Consigue así atraer clientela -poca gente se resiste a que le regalen algo- y aligerar su stock libresco. Hermoso, ¿verdad?
 
 
El invento lleva varios años funcionando, con tanto éxito que hemos de suponer que el señor Doyle agotó su reserva de libros prescindibles. Ahora, con unos nuevos dueños -ignoramos si también tenían libros de los que deshacerse- la biblioteca se nutre sobre todo de donaciones. Y no sólo eso: al parecer la avidez libresca de los clientes es tal, que ha dado para poner una librería en el piso de abajo. Esta vez, de las de pago. Ya les dije que la idea era un trueno.

martes, 5 de noviembre de 2013

RETRATANDO LIBROS


¿Y por qué no? Si retratamos personas, o incluso animales, no veo porqué los libros no deberían tener derecho a ser retratados. ¿Les parece extraño? ¿Soso? Para nada. Si se hace bien, retratar libros puede tener todo el sentido del mundo. Vean si no los bonitos retratos que luce en su flickr Still Life with Book la fotografa Juliette Tang.







 


Ahí están, tan modosos, cerrados o entreabiertos, invitándonos a que nos sumerjamos en ellos. Resulta irresistible.

(Una vez más, mi agradecimiento a la web BookPatrol por el descubrimiento.)