John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)
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jueves, 16 de mayo de 2013

PURO TEATRO

La sala que utiliza La Perla para sus representaciones. Del siglo XIV.
El teatro se ve de otra manera allí.
 
Escuchar tu sinfonía favorita en un CD está muy bien, pero el día que la oyes en vivo, tocada por una buena orquesta, el goce es supremo. Ver teatro en televisión está bien, verlo en vivo, aún mejor, pero si se alían una buena obra, buenos actores y un espacio teatral con encanto, es una experiencia inolvidable (estoy recordando la última obra de la compañía La Perla que vi en la Biblioteca de Catalunya, Cyrano de Bergerac: no se pierdan esta compañía, vayan rápido a conocer el espacio -no creo que dure, está muriendo de éxito- y ¿qué les voy a decir de la obra si es una de mis clásicos teatrales favoritos?). También es verdad que cuando ocurre todo lo contrario -es decir, cuando los actores son flojos y la obra aún más-, dan ganas de salir corriendo y no acercarse más por una sala de comedias. Por eso, porque no quiero que mi amor por el teatro resulte pisoteado por ocasionales malas experiencias, suelo leer fielmente los artículos de Marcos Ordóñez, uno de los pocos críticos de quienes me fío. A veces no lo hago ni siquiera porque me interese la obra que reseña, sino por lo bien que escribe: hay en ellos literatura, humor y mucha pasión teatral. La clave está en que Ordóñez no es sólo un crítico teatral, es un hombre de letras en todo el sentido de la palabra. Artículos, ensayos, biografías, novelas... todo lo que produce tiene un nivel de calidad e inteligencia poco común por estos pagos. No lo he leído todo, ni mucho menos -es increíblemente prolífico-, pero lo que he leído me ha gustado siempre mucho. Creo que nunca he entendido tan bien el mundo de los cómicos (bueno, si exceptuamos la película de Fernán Gómez El viaje a ninguna parte) como a través de Comedia con fantasma, una divertida novela que recorre la historia de España de los años veinte a los ochenta a través de sus hombres y mujeres de teatro. Y en su reciente incursión en la autobiografía, Un jardín abandonado por los pájaros vuelve a dar muestra de esa sensibilidad literaria que tan poco abunda.
 
 
Bueno, pero en realidad yo no quería hablar de eso (aunque si les gusta el teatro, lean a Marcos Ordóñez, sentirán que han dado con un alma gemela), sino de un artículo en el que Ordóñez disecciona un libro (inglés, por supuesto ¿les he dicho que es también anglófilo, un punto más a su favor?) que recoge las peores críticas teatrales. Las peores no en el sentido de mal escritas, sino de las más crueles, las más sangrantes. Y de ingenio afilado. Porque lo malo no es el insulto, que descalifica a quien lo emite, sino el dardo inteligente, que da en la diana. El libro en cuestión se llama No turn unstoned (juego de palabras intraducible, pero realmente gracioso) y Ordóñez nos deleita  con algunas de estas perlas críticas. La verdad, cuesta decidir cuál es mejor (o peor, según se mire). Creo que me quedo con la primera, que creo que ni siquiera está recogida en el libro. Se atribuye al gran ensayista William Hazlitt, a propósito de un Falstaff representado por Stephen Kemble, hermano del famoso John Kemble -como dice Ordóñez, "menor en edad y en talento"- en 1816. La opinión de Hazlitt, tajante, era que:
 
"Las razones para que el señor Kemble interprete a Falstaff parecen ser las mismas que autorizan a Luis XVIII a ocupar plenamente el trono de Francia: está gordo y pertenece a una determinada familia."
 
Está todo dicho, sin duda. Si quieren leer más muestras, les dejo el artículo. Ya sabía yo que la vida de los actores es muy dura, pero ser el blanco de algunas de estas críticas parece más de lo humanamente soportable. En cualquier caso, lean a Ordóñez. Y, sobre todo, vayan al teatro.  
 

domingo, 11 de diciembre de 2011

SHAKESPEARE ES ALEMÁN

Escenario del teatro The Globe
Aunque pueda parecer lo contrario, el título de esta entrada no es un nuevo intento -uno más de los muchos que han habido- de atribuir las obras de Shakespeare a otro autor. Ni, desde luego, pretende demostrar que Shakespeare escribiera en alemán, vaya herejía. Sin embargo, lo cierto es que Alemania es probablemente el país donde más a menudo se representan las obras de Shakespeare y este autor es considerado como "uno de los nuestros". Así lo afirma Ken Larson, citando como ejemplo las frases finales de la conferencia que pronunció el respetado dramaturgo alemán Gerhart Hauptmann ante la Sociedad  Shakespeare alemana en Weimar: "No hay ningún pueblo, ni siquiera el inglés, que se haya ganado tanto como el pueblo alemán el derecho a Shakespeare. Los personajes de Shakespeare se han convertido en parte nuestro mundo, su alma se ha hecho una con la nuestra: y si bien nació y está enterrado en Inglaterra, es en Alemania donde en verdad vive." Hay que precisar que esto sucedía en abril de 1915, y formaba parte de la ola de sentimientos patrióticos y antibritánicos propiciados por la guerra. Para los alemanes, era impensable meter al gran Shakespeare en el mismo saco que a sus enemigos.  Pero incluso dejando de lado las dos guerras mundiales -durante las que la reivindicación de la germanidad de Shakespeare alcanzó extremos- está fuera de toda duda que la adopción de Shakespeare por la cultura alemana supera a la de otros países.
Tal como demuestran los anuarios de la Deutsche Shakespeare-Gesellschaft (una de las más antiguas que existen), la cantidad de obras de este dramaturgo que se representan anualmente en los escenarios alemanes sólo es superada por las obras de Schiller, y con frecuencia son más que las que se llevan a cabo en el propio Reino Unido. Asimismo, desde finales del siglo XVIII pueden contarse más de veinte traducciones al alemán del corpus shakespeariano en su totalidad. Si vamos a obras sueltas, Ken Larson ha rastreado hasta treinta y siete traducciones del Rey Lear en poco más de doscientos años. Ninguna otra lengua puede alardear de lo mismo. En reconocimiento a esta "relación especial" de Alemania con el dramaturgo inglés, el Globe Theatre celebró el otoño pasado unas jornadas que llevaban  el mismo título que esta entrada: "Shakespeare is German", organizadas por Patrick Spottiswoode. Uno de los escritores que más hizo por la afición shakespeariana de sus compatriotas fue Goethe, quien en un apasionado discurso pronunciado cuando sólo contaba 22 años, en 1771, describió su encuentro con la obra de Shakespeare como su verdadero despertar a la literatura; durante estas jornadas se presentó un volumen (en inglés) con todos los ensayos de Goethe sobre Shakespeare. El programa incluyó también varias conferencias y el pase de un Hamlet mudo de 1920, con la gran actriz Asta Nielsen como protagonista.

Asta Nielsen en el papel de Hamlet.
Pero también es un tanto especial la relación del propio Globe Theatre con Alemania. Antes de que este teatro fuese reconstruido en Londres en 1997 -siguiendo el modelo del desaparecido teatro de Shakespeare- los alemanes ya habían hecho lo mismo, en la ciudad renana de Neuss, donde desde 1991 el Globe Theater alemán acoge un festival dedicado a este dramaturgo. Y no es el único en ese país: tanto la ciudad de Schwäbisch Hall como el Europa-Park, en la localidad de Rust, cuentan con reproducciones del Globe. Ante tanto fervor shakespeariano, se les puede perdonar que consideren a Shakespeare alemán.