John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

RESCATES 2015

Con el final de cada año, revistas y suplementos literarios -y, cómo no, blogueros- se lanzan a hacer su lista de "los mejores libros" que, lógica e inevitablemente, suelen estar compuestas en su mayoría por novedades publicadas en ese período. Ya sabemos que el mercado editorial, como de hecho todos los mercados dentro de la lógica capitalista, se mueve al compás de "lo nuevo", "lo último", "el descubrimiento". (Personalmente, nunca he entendido demasiado este concepto de que algo, por el solo hecho de ser nuevo, tenga que ser mejor que lo anterior; en todo caso, habría que comprobarlo primero: ¿alguien ha averiguado si muerde?) Pero si nos tomamos la molestia de repasar la lista de "lo mejor de" de unos cuantos años atrás, veremos que sólo una pequeña parte de esas supuestas rutilantes estrellas siguen en el firmamento. Al mismo tiempo, el alud de novedades sepulta otros muchos libros que, aunque escritos tiempo atrás, siguen valiendo la pena. Por eso, quiero dedicar mi particular lista de final de año a algunos rescates de obras y autores que, a mi entender, era una lástima que hubiesen caído en el olvido. En este caso, pueden hacerse con ellos sin miedo: estas obras sí han resistido la prueba del tiempo y no muerden. Al contrario, les garantizan unas horas de excelente lectura. Es de esperar que, hora que han emergido de nuevo de la oscuridad, su brillo ya no se apague.
 
 
 
 
Editorial Minúscula, que tan buen ojo tienes para los rescates literarios, nos ofrece este año una de las obras más importantes de Shirley Jackson, sus Cuentos escogidos, entre los que está el que le diera fama (y controversia, a partes iguales), "La lotería". La misma editorial recuperó hace un tiempo su deliciosa novela Siempre hemos vivido en el castillo. Señores de Minúscula: los lectores les estaríamos eternamente agradecidos si completaran esta labor de rescate con las divertidas memorias de la señora Jackson, Life among the Savages. Así nuestra felicidad será completa.
 
 
 
 
 
 
Y seguimos con cuentos, esta vez con una figura indiscutible de las letras americanas, la escritora más mordaz y cáustica que vieron los siglos: Dorothy Parker. No sé si esto cuenta como rescate, porque de hecho Lumen publicó hace tiempo su Narrativa completa, pero ahora se marca una más que apetecible antología ilustrada de sus cuentos, Colgando de un hilo, un formato muy adecuado para que uno se lo pida como regalo y se pase las vacaciones admirando la afilada lengua de la señora Parker.
 
 
 

Y de rescates americanos, a rescates británicos: Errata Naturae recupera este clásico de la literatura británica de entreguerras, Invitación al baile, de Rosamond Lehmann -para que se sitúen, era amiga de los Woolf, de Dora Carrington y de Lytton Strachey- con todo el encanto y sabor de los años treinta. Sólo me sorprende que no hayan empezado esta meritoria labor por la que se considera su mejor novela, Dusty Answer. (Que yo sepa, no existe edición española, me gustaría estar equivocada.)
 
Ya que estamos, quisiera recomendar un par de obras que merecen ser rescatadas del olvido, a ver si para el año que viene algún editor se anima a ello:




Testament of Youth, de Vera Brittain, unas inolvidables memorias que plasman lo que fue ser una  joven en la Inglaterra de la Primera Guerra Mundial y cómo la huella de esa cruel guerra se manifestó en la vida de muchas mujeres como ella.



The Raj Quartet (sí, son cuatro novelas), de Paul C. Scott. Un maravilloso recorrido por los últimos años de la India colonial (la acción empieza en 1942). Hubo incluso una serie de televisión basada en esta obra, que  se publicó en España hace bastantes años, pero que ha sido lamentablemente engullida por las mareas de novedades.

¡Que tengan unas felices y literarias fiestas!


 

jueves, 17 de diciembre de 2015

MI BIBLIOTECA (3.6): BIBLIOTECA DOBLE

La última biblioteca de esta tercera serie es la de Enrique y Ángeles, del blog Milerenda: si otros blogs nos invitan a recorrer mundos librescos, ellos dos nos sirven de guía incomparable para pasear por rincones de su ciudad y de muchos otros lugares, así como para aprender sobre arte, ciencia y muchas cosas más. Y todo acompañado de espléndidas fotografías. Su biblioteca, como es lógico, refleja esta variada gama de intereses.


No hay nada que nos guste más que chafardear bibliotecas ajenas, algo que imagino también les pasa a todos los que, como nosotros, tenemos fijación por la lectura. La sección de Elena nos da la excusa perfecta para mirar esas baldas que dicen tanto de uno mismo. Gracias, Elena, por pensar en nosotros.
Al principio de nuestra convivencia Ángeles trajo a casa lo que llamó su ajuar: una cantidad ingente de libros que multiplicaba por varios factores los que ya tenía Enrique. Los libros fueron a parar a casi todas las habitaciones de la casa. Pero hace casi tres años nos mudamos y, aunque no fuera un traslado traumático, ya que nos quedamos en el mismo edificio, en nuestro nuevo piso perdimos algo de espacio, por lo que tuvimos que desprendernos de algunos libros.
 
 
Billy sirve para todo
 

La mayoría de los que quedaron fueron a parar al despacho y se acomodaron en las archifamosas estanterías Billy.
Desde el principio, una o dos veces por año, se nos ocurre una nueva y presuntamente definitiva forma de ordenar los libros y es entonces cuando Ángeles imagina a Enrique en el papel de "ordenator", un superhéroe que lucha contra el caos.
 
 
Esperando a "ordenator"
 

Tras haberlos tenido ordenados alfabéticamente, por editoriales...finalmente hemos decidido distribuirlos por temática: los de ciencia ficción, los de viajes, los de Barcelona, las novelas históricas, los de ciencia, los de cine y los cómics e ilustrados y luego, por supuesto, el gran grueso de libros de narrativa, los cuales no hemos podido evitar colocarlos en doble fila.
 
 
Narrativa en doble fila: abran paso
 
 
Los que no cupieron en el despacho fueron a parar a la sala de estar, donde un enorme mueble de teka alberga la colección de libros de cocina, mientras que en una librería colonial fueron a parar los de arte, de historia y otros de gran formato. Finalmente las revistas quedaron ordenadas en múltiples revisteros de madera y cartón sobre un mueble que estuvo a punto de perderse en el traslado.
 
 
Colonial hasta en el té
 

La incursión de los libros digitales detuvo momentáneamente el aumento incesante de nuestra biblioteca, pero siempre se cuela algún imprescindible.
 
 
Libros con mucho arte
 
Esperemos que os gusten nuestros estantes.

viernes, 11 de diciembre de 2015

ESOS ASTUTOS INVASORES



Los lectores que hayan seguido la serie de colaboraciones que he agrupado bajo el título de "Mi biblioteca", gracias a las que nos hemos podido pasear por las de  -si contamos las tres temporadas- casi una veintena de blogueros, habrán sacado tal vez la misma conclusión que yo: no es tanto que todos ellos sean obsesivos acumuladores de libros, es que los libros se han adueñado de ellos. Por eso, me parece que viene muy a cuento reproducir lo que dice al respecto -y con mucho ingenio- otro grandísimo lector, Bernard Pivot, en su libro Le métier de lire. (Por cierto, me han llegado noticias de que en breve saldrá a la venta la versión española, publicada por Trama Editorial.)
 
"Los libros son unos invasores implacables. Como quien no quiere la cosa, con una paciencia infinita y cada día más numerosos, se apoderan del lugar. Pronto desbordan las estanterías que les han sido asignadas. Al igual que las multitudes de caracoles en las novelas de Patricia Highsmith, escalan las paredes, suben hasta el techo, se instalan sobre las chimeneas, las mesas, los aparadores, se aferran a los rincones, penetran en los armarios, las cómodas y los baúles y, cuando permanecen en el suelo, proliferan sobre la moqueta o sobre las baldosas en pilas inestables y arrogantes.
A los libros no les está vedada ninguna habitación. Ninguna les repugna. Los que no han podido acceder al salón, al despacho o al dormitorio se conforman con los lavabos, la antecocina, los pasillos, o incluso con un cubículo sombrío por el que transitan las patatas, los botes de mermelada, las botellas de vino de marca, el aspirador y los ovillos de cordel. Cohabitan con las arañas. No son alérgicos al polvo. Agrupados, apretados unos contra otros, poseen la estabilidad y la perseverancia de los menhires. Antes, los ratones los mordisqueaban. Pero, ante la proliferación de las cubiertas, casi todos han renunciado a ello. [...] La verdadera ambición de los libros es expulsar a los hombres de las bibliotecas y de sus hogares para ocupar todo su territorio para poder disfrutar de ellos en soledad y a lo grande."
 
 
 
 
A veces -por ejemplo, cuando hemos de pensar en una mudanza- los bibliómanos nos sentimos no sólo invadidos, sino derrotados de antemano. Pivot mismo confiesa que, a lo largo de los años, los libros se han adueñado de su apartamento de París y de su casa de campo. "Con la sorda paciencia de los deslizamientos geológicos, los libros avanzaban, se instalaban, se acumulaban, conquistaban nuevos territorios e imponían incluso la sensación de que los espacios tomados les estaban destinados ya para toda la eternidad." Como los personajes del cuento de Cortázar Casa tomada, sin saber cómo, una habitación tras otra han dejado de ser nuestras y hemos tenido que concederles la victoria.
Por desgracia, sabemos que si, por  alguna catástrofe natural o un giro perverso del destino, nos viésemos obligados a abandonar nuestros hogares tomados por los libros y comenzar desde cero en algún otro lugar, ellos sabrían encontrar de nuevo el camino hasta nuestro hogar.
Invasores que aceptamos de buen grado, pero invasores al fin.
 

martes, 1 de diciembre de 2015

MI BIBLIOTECA (3.5): DEL SALÓN A LA LEONERA

En esta ocasión, nos trasladamos a la biblioteca de Miss W, del bibliómano y anglófilo blog At Winnifred's, que además de libros de vez en cuando también nos ofrece sabrosos comentarios de películas. Una biblioteca que muestra especial querencia por los cuentos, los clásicos y los autores anglosajones, sin renunciar a la variedad.
 
 
¡Hola! Dejadme que en primer lugar agradezca a Elena Rius el hecho de haber sido invitada a colaborar en su blog, espacio que sigo desde hace tiempo y que por supuesto tengo enlazado en el mío.

Mi biblioteca es extensa, ocupa prácticamente todo el salón de casa, al que más que salón deberíamos llamar “biblioteca con sofás” y buena parte de la habitación-leonera donde además de los ordenadores tenemos el rincón de la plancha. En el salón tengo todo ordenado en primer lugar por géneros: Narrativa, poesía, teatro y ensayo (también hay baldas para la literatura de viajes, la mitología, el cine, gran formato y parte de nuestros vinilos) y en segundo lugar de la A a la Z por autor. Lo que más abunda es la narrativa, tanto que los cuentos ya se han “independizado” de la biblioteca compacta y han exigido su propio mueble, ese mueble oscuro que aparece en la foto y en el que yo  suelo colocar las nuevas adquisiciones para fotografiarlas y enseñarlas en mi blog.
 
Cuentos y más cuentos
 
Los libros me gustan todos: los de bolsillo, los de tapa dura, los ilustrados, y los que no lo están. Todos son hijos, los quiero por igual y conviven en el mismo espacio. Compro la mayoría en rastros, mercadillos, librerías anticuarias y de ocasión y una minoría en librerías convencionales (de libros nuevos, para entendernos). Lo que sí miro es que sea, si puede ser, una buena edición y a ello me refiero a que si tiene un buen prólogo y está anotada, mejor que mejor y, por último, ya genial si tiene buena letra porque últimamente estoy perdiendo vista por esas cosas de la edad...

Un defecto: la mayoría de los libros están en doble fila, se nos han ido de la mano porque aunque de vez en cuando practicamos un expurgo, luego resulta que no nos cortamos a la hora de comprar más: incorregibles, tanto mi X como yo.
 
 
¡Socorro, nos desbordan!


En las fotos no se aprecia pero los Dickens  y Dumas esconden  a los Delibes, Defoe, Duras , etc. que no podréis ver...
 

Y no podía faltar Queen Elizabeth presidiéndolo todo...
 
En la habitación de usos múltiples o leonera tengo toda la literatura en inglés y ahí no tengo ningún orden aunque sí que tengo un archivo de ellos y ya suman 470 volúmenes entre todos los géneros. Solamente tengo separados todos los clásicos ( Hardy, Austen, Trollope, etc) de los modernos pero  ya va llegando la hora de que al menos separe la novela del resto de géneros. Aquí sí que el 99 por ciento son  de segunda mano. Siempre  que salgo fuera vengo cargada de libros de mercadillos, charities y demás y también los compro por internet, claro. Os dejo en foto una pequeña muestra en representación de mi literatura inglesa. Entre mis autores favoritos están Janet Frame, Julian Barnes y  Margaret Atwood, por citar solo algunos.
 
 
 
 
 
 

También tenemos libros relacionados con nuestras profesiones, algo de literatura en francés, libros de cocina , los tebeos y la novela gráfica.

Nada más. Espero que  este breve recorrido os haya gustado y gracias por leerme.

Un saludo desde  tierras del Norte. Miss W.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

MI BIBLIOTECA (3.4): TANTOS LIBROS, TAN POCO ESPACIO

La biblioteca invitada de la presente entrega viene de lejos, nada menos que de París. ¡Que no se diga que los bibliófilos no corremos mundo! Se trata de la de Marie, del delicioso y cosmopolita blog A book a day keeps the doctor away. Aparte de dejarnos curiosear en sus muchos tesoros, la biblioteca de Marie es la prueba palpable de que la escasez de espacio no es excusa para un amante de los libros. Vean, vean, los que pueden llegar a caber en un apartamento diminuto.


Cuando Elena me dio la oportunidad de participar en esta nueva temporada de "Mi biblioteca" me sorprendí y emocioné a partes iguales. No podía creer que mis estanterías fuesen a protagonizar una entrada en su exquisito rincón. Claro está, me fue imposible negarme; aunque al ver el tamaño de mi biblioteca de pronto me entró el pánico. Escribí corriendo a Elena para decirle que mi biblioteca era pequeña, muy pequeña, pero como ella no vio impedimento alguno, decidí seguir adelante y aquí me tenéis.

Veréis, vivo en un pequeño estudio de apenas 30m2 situado en París. Si vieseis la factura del alquiler pensaríais que vivo en un ala de Versalles, pero nada más lejos de la realidad. Comparto mi Petit Trianon particular con Jean y con los cachivaches que forman nuestra vida común. Así que, ya podréis imaginar lo justos que andamos de espacio. Cuando me mudé aquí hace cinco años nunca imaginé el problema al que me enfrentaba. Toda mi vida he estado rodeada de libros. Cualquier espacio de mi casa en Alicante estaba abarrotado de ellos: el salón, los dormitorios, la cocina, el huequito al lado de la chimenea, el garaje…en cualquier rincón convivían (y siguen conviviendo) los libros de mis padres y los míos. Lo cierto es que el espacio nunca fue un problema.

Cuando llegué a ParÍs, me obcequé en seguir comprando libros con mi ritmo habitual y, claro está, la situación degeneró rápidamente. Había torres de libros por todas partes. Si estábamos sentados en el sofá teníamos que mover los libros que estaban allí apiñados hasta la cama; a la hora de dormir, vuelta al sofá o a la mesa o a la barra de la cocina...era insostenible. La situación requería de una medida drástica, a saber: solo se quedarían en casa los libros que necesitaba tener conmigo y sin los que no podía vivir. El resto, libros leídos y olvidados o lecturas de una sola vez viajaron en sucesivas maletas hasta Alicante, como hijos desterrados acogidos con cariño por mis padres. Por eso, si es cierto que las estanterías son capaces de mostrar la personalidad de su propietario, en mi caso son mi fiel reflejo.

Mi pequeña colección está dividida en dos estanterías, un carrito de fruta (ya os lo explicaré) y “la torre”. Mis grandes pasiones son los clásicos y los ensayos históricos, en especial los consagrados al siglo XIX, y de eso se compone prácticamente mi colección (apenas tengo libros publicados más allá de 1950). Los libros están separados en ficción y no ficción, y estos últimos ordenados por países y autores. Me gusta agrupar los títulos que tengo de cada autor para tener controlados los que me faltan para completar su obra, sobre todo si se trata de mis autores favoritos.

En la estantería grande (que preside lo que podríamos llamar mi salón) los ensayos, biografías y poemarios ocupan las baldas inferiores. Ahí es donde están mis preciados ejemplares de Hojas de hierba, Walden, Las ensoñaciones del paseante solitario y Las metamorfosis. Las biblias paganas que me acompañan en el camino. A continuación le sigue la balda en la que se agolpan los clásicos franceses, rusos, alemanes, nórdicos e italianos. Me alegra ver que tanta nacionalidad convive en paz, aunque me apena saber que escondida en la segunda fila está mi colección completa de los Rougon-Macquart de Zola y las obras de mi querida George Sand.


 
Por último, en las dos baldas superiores, está la literatura norteamericana. Ahí descansan grandes clásicos como Hawthorne, Fenimore Cooper, Poe y Melville; las heroínas de mi infancia de manos de Alcott y Lucy Maud Montgomery; maestros como Scott Fitzgerald y Willa Cather, y los libros de pioneros del Oeste que tanto me gustan. Mención especial merecen los libros de Wallace Stegner y Jeffrey Eugenides, unos de los pocos autores contemporáneos que se han hecho un huequecito en mi colección.  La otra estantería, cobijada junto al sofá, es sin duda mi pequeño paraíso, mi debilidad; el rincón de la de literatura inglesa.
 


Los clásicos del XVIII y XIX están en la balda superior (aunque algún Hardy anda perdido en “la torre” y otros como Middlemarch y Evelina han viajado a Alicante para que los disfruten mis padres). Jane Austen, Elizabeth Gaskell y las Brontë son las grandes protagonistas y acaparan casi toda la balda. No podría vivir sin ninguna de ellas.

Justo en los cubículos inferiores están los clásicos modernos del siglo XX. Mucha literatura eduardiana con John Galsworthy y E.M. Forster a la cabeza y sobre todo mucho material de escritoras británicas. Frances Hodgson Burnett, Virginia Woolf, Vita Sackville-West, Winifred Holtby, Elizabeth Taylor, Elizabeth Bowen, D.E. Stevenson, Stella Gibbons, Barbara Pym... tantas y tantas que atesorar. Junto a ellas no he podido evitar incluir a Katherine Mansfield a pesar de su origen neozelandés (como ella misma decidió abandonar las antípodas para no regresar, supongo que no le importaría estar en territorio británico).



 
En cuanto a las ediciones, no soy nada fetichista. No hago ascos a las ediciones bonitas, por supuesto, pero el contenido prima sobre el continente. Siempre compro el ejemplar que mejor relación calidad precio tenga, ya sea en francés, inglés o español (este es el orden que privilegio y por eso en mis estanterías abundan las ediciones francesas e inglesas). Soy asidua y adoro las librerías de ocasión; de ellas provienen una gran mayoría de mis libros y, como podéis ver, prefiero las ediciones de bolsillo al cartoné. No solo por motivos de espacio sino por lo manejables que son. Soy una lectora invasora que anota, dobla esquinitas y coloniza sus libros, por eso las ediciones de bolsillo me resultan perfectas.




Las circunstancias me han hecho experta en tetris, en encontrar espacios y en la caza de ediciones pequeñitas de las novelas que busco. Si quedo ciega en el proceso será otra de las cosas que agradezca a París.

Claro que, por mucho que haya inventado hasta la fecha, las estanterías han terminado por llenarse. El desbordamiento de libros ha sido inevitable y ahí está “la torre” que lo atestigua. Crece y decrece conforme voy bajando tomos en las maletas alicantinas. Otros sin embargo han terminando instalándose en el carrito de la fruta de la cocina, una cocina en la que en vez de comida hay libros. Menos mal que no corren el riesgo de oler a boeuf bourguignon ni a pot au feu porque cocinar lo que se dice cocinar… corramos un tupido velo. Y así seguiré, haciendo malabares para seguir encontrado sitio a los nuevos inquilinos. Porque seguirán llegando, todo bibliófilo sabe que nunca llegará el último libro (a menos que se interponga la muerte, claro). Así que, si no me mudo antes y me veo en la tesitura de mandar a alguien al armarito del baño, supongo que llevaré a los pioneros americanos de avanzadilla. Visualizar a Virginia Woolf, a E.M Forster o a Henry James junto al lavabo y la taza del váter me duele en el alma. Supongo que cosas peores habrán visto Mark Twain, Elinore Pruitt Stewart, Francis Bret Harte y Calamity Jane.


martes, 17 de noviembre de 2015

MI BIBLIOTECA (3.3): DESBORDAMIENTO Y ENTROPÍA

El siguiente bibliómano invitado es Mariano Hortal (conocido en otras redes como @sigfrido1976) del blog Lectura y locura, un buen lugar para aficionados a la lectura, pero también para entusiastas de la ópera, sobre la que escribe a menudo y con pasión. Aparte de su gran capacidad lectora -diría que su biblioteca es solo una pequeña muestra de ella-, de la que deja huella en el blog, no hay que perderse su siempre ingeniosa sección mensual sobre Fajas y libros.


Gran sorpresa (y al mismo tiempo agradable) me llevé cuando Elena me propuso un post de estas características. Llevo tiempo pensando en hacer una sección en mi blog para mostrar diversas partes de mi nutrida biblioteca y por falta de tiempo no he podido ponerme con ello.
Así que esto se presenta como una pequeña oportunidad de compartir mi espacio con los lectores del blog. 
Tengo la gran suerte de tener una casa grande y  uno de mis sueños de toda la vida era poder disponer de una habitación o buhardilla dedicada enteramente al almacenaje de libros; esto sucede así y os pongo a continuación una muestra de ellos:
 


 
Mi forma de ordenarlos tiene en cuenta las temáticas y luego el orden alfabético, de hecho según veis la foto la estantería de la izquierda recoge novela contemporánea (algún clásico);  la que tenéis enfrente tiene novela negra policíaca y la de la derecha lo más detectivesco dentro de lo policíaco, ciertamente es rara esta división, pero por temas de espacio me venía bien en su momento. Ah, la de la esquina derecha está ocupada por fantasía y ciencia ficción. Hubo un momento en que pensé que todo cabría fácilmente pero ya podéis ver que empiezan a formar segundas filas en la misma estantería y ordenaciones poco ortodoxas con apilaciones diversas. Es lo que todos llamamos desbordamiento.
No son estas las únicas estanterías que tengo en dicha habitación,  si os fijáis en estas:
 


 
Se trata de extensiones de lo policíaco y de la novela contemporánea y, escondidas en el fondo hay novelas de terror que todavía no he leído, las leídas ya están en otros sitios.  No os he puesto otras estanterías que tengo para hispanoamericana o best-sellers porque os quiero llevar a otros rinconcitos literarios.  
Como podíais imaginar, dispongo de más lugares para mis tesoros literarios. Esta esquina que pongo a continuación la tenemos en el salón, no podía imaginar el lugar en el que más tiempo estamos sin la presencia de estos grandes amigos. El criterio en este caso es estético: tapas duras, buenas ediciones, colores vivos y libros que me hayan gustado especialmente tienen su cabida en este precioso espacio. Viendo la foto os podéis imaginar varios de mis gustos más esenciales.

 


También, en el cuarto del ordenador, tengo otro lugar equipado con, en su mayoría, clásicos, ahí están Dickens, Woolf y muchos más ah, y literatura en inglés, que no puede faltar Shakespeare, Austen, las Brönte… es más pequeño pero el número de joyas por centímetro cuadrado es proverbial.
 

 
 
Y todavía me queda espacio para una última habitación, es la habitación de los tebeos (y de la plancha también); hay una buena mezcla pero abundan los superhéroes (tanto de Marvel como DC o Image) aunque tampoco faltan mangas, europeo y los imprescindibles Mortadelo y Filemón. Cuánta diversión contenida que recoge buena parte de mi infancia, espero que a mi chiquitín le gusten tanto como a mí. Estoy esperando el momento en que pueda descubrirlos ya que ahora es todavía muy pequeño.
 

 
 
Espero que os hayan gustado estas muestras de mi vasta y cada vez más entrópica biblioteca. Me planteo ya, desgraciadamente, empezar a liberar espacio, tendré que empezar por los que menos me hayan gustado. Sinceramente, va a ser muy duro. Muchísimo. Tengo mucho cariño a estos queridos libros.

martes, 10 de noviembre de 2015

MI BIBLIOTECA (3.2): CUENTOS, BRUJAS Y MUCHO MÁS


Nuestra segunda biblioteca invitada de esta temporada es la de Noemí Risco, traductora especializada en Literatura Juvenil y Fantasía, protoescritora y propietaria del blog Laberinto de ideas. En su biblioteca hay mucho de magia, pero también orden y sistema. Visitarla es casi dar un paseo por el maravilloso país de los cuentos.
 

Mi biblioteca, supongo que como la de casi todos, ha ido cambiando a lo largo de los años; en mi caso, no sólo por el ingreso de nuevos títulos, sino por su ubicación, porque me he mudado unas cuantas veces. En mi infancia apenas tenía un estante de libros en mi cuarto, con algunas lecturas del colegio y el ejemplar que le mangué a mi madre de La historia interminable. Cuando nos trasladamos a Tenerife, en 1990, me compraron muebles nuevos para mi habitación y eso incluía una larga estantería del techo al suelo, que poco a poco fui llenando de tesoros. Han pasado muchos años, por muchas estanterías distintas, han convivido con libros de pareja, a veces hasta se han ido de viaje conmigo, algunos se regalaron, otros se donaron, pero la mayoría de mis libros permanecen a mi lado.
Ahora estamos en el campo, desde hace un par de meses, y lo primero que hice al llegar fue ir a comprarles un par de estanterías con puertas para guardarlos y preservarlos del polvo. Aún no los he colocado como me gustaría, porque lleva su tiempo, pero sí se encuentra cierto orden.
 
 



Tengo un apartado para los libros que yo he traducido, ya que en algún momento puede que deba consultarlos. No los ordeno alfabéticamente, sino por editorial, tamaño y color. La serie de El corredor del laberinto, por supuesto, tengo que tenerla a mano. Luego hay otra sección dedicada a los libros de terror y ciencia ficción para adultos, que mezcla ediciones descatalogadas, como varios títulos de Gran Fantasy de MR o una extensa colección de Tanith Lee en inglés, con nuevas adquisiciones a la espera de su lectura. Por supuesto, tengo juntitas todas las entregas de las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, de la que fui gran fan en la adolescencia, y unas cuantas obras de la mejor época de Stephen King.
 
 



La magia de los cuentos tiene un lugar muy especial en mi biblioteca y, como veis, sigo organizándola por colores. En tonos más fríos, azulados, El Palacio de los Cuentos, con un relato del mundo para cada día del año, la estupenda colección El vuelo del dragón, los magníficos cuentos de Cristina Fernández Cubas o El (ineludible) jardín secreto… 
 




En tonos más cálidos, amarillentos, Ana Cristina Herreros y sus brujas, La princesa y los trasgos de George MacDonald, El jardín de medianoche o esa entrañable antología de los Grimm, Andersen y Hoffmann que me leía mi abuela antes de irme a dormir. ¡Oh, y el rincón de Michael Ende! Sí, con el libro robado a mi madre al lado de la versión original que reeditaron el año pasado tal cual la publicaron en 1979.



Por último, tengo un apartado para los libros en versión original, en alemán y en inglés. ¡No solamente vamos a leer traducciones! A veces también me gusta disfrutar del idioma original y también es cierto que algunas de estas adquisiciones se deben a que la edición original me gusta más, es más completa o simplemente no existe en español. Por ejemplo, la edición del 80 aniversario de Mary Poppins, con todos los libros en uno, o una edición especial que sacaron de La princesa prometida, con material extra que no aparece en la versión traducida.
 
 
 


En más de una ocasión me han preguntado si me los he leído todos. La respuesta es no. Todavía no. Me quedan por leer unos cuantos. La siguiente pregunta que hacen algunos es: ¿Y por qué sigues comprando? Tampoco es que compre un libro cada mes, ni siquiera cada dos meses —la mayoría, además, son regalos—, pero sí cae alguno de vez en cuando, y si no lo compro en su momento, en esa edición que es tan bonita, luego quizá ya no lo encuentre. ¿No os ha pasado nunca? Entonces, ¿por qué tomas prestados libros de la biblioteca pública?, suele ser la tercera pregunta. Y es que a veces apetece leer lo que no se tiene en casa, porque ya no se vende en librerías o porque no se está lo bastante segura como para comprarlo.
Lo importante es seguir leyendo y no perder la costumbre allá donde estemos. ¿Adónde nos llevará el destino a mí y mis libros dentro de un tiempo?