John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

jueves, 1 de diciembre de 2016

REGALAR UN LIBRO



Vaya por delante que la avalancha de anuncios que, anticipándose en muchas semanas a las fiestas navideñas, nos invitan machaconamente a comprar, regalar y ante todo consumir, cuanto más mejor, consiguen producirme tal hastío que si por mí fuera, no pisaría un establecimiento comercial en lo que resta de año. El regalo, la dádiva, el gesto desinteresado que es muestra de aprecio, de amor, de amistad no parecen tener nada en común con la fiebre consumista que nos rodea por estas fechas. Para tener valor (recuerden que valor y precio son conceptos distintos), el regalo no ha de buscar contrapartida, ni constituir una obligación. Se regala pensando en darle placer a la persona obsequiada, en proporcionarle, al menos, un rato de felicidad. En este sentido, un libro es el regalo perfecto. Parafraseando lo que decía Julio Cortázar en su  "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj", cuando regalas un libro no regalas un objeto de cartón y papel impreso, sino las horas dichosas que esa lectura brindará a su receptor. No regalas el prestigio de la marca (renombre del autor, premios que le han otorgado), ni el mayor o menor lujo de la encuadernación, regalas algo mucho más valioso: una máquina de generar sentimientos y reflexiones. Por eso, es un error regalar libros que uno no ha leído, porque es degradar al libro a mercancía: has elegido un libro como podrías haber elegido una baratija cualquiera. (Tal como van las cosas, los libros no son especialmente caros; si alguien quiere parecer rumboso, mejor hará comprando un perfume.)


(Vanessa Bell, Amaryllis and Henrietta, 1952)

Regalar un libro es invitar al otro a compartir las emociones que su lectura ha provocado en ti. Es crear un vínculo, una complicidad que con suerte perdurará a través de los años. Nunca olvidas a la persona que te ha regalado un libro que ha sido importante en tu vida. Suelo regalar sólo libros que me han gustado especialmente, que pienso que otros deben también disfrutar y, a menudo, me produce envidia pensar que quien los recibe tiene aun por delante la revelación de la primera lectura. Sobre la importancia de regalar libros habla Robert Macfarlane -viejo conocido de estas páginas, y él mismo un autor que es muy recomendable regalar- en un bello ensayo publicado en la web Lithub y titulado "The Gifts of Reading are Many" (Los regalos de la lectura son numerosos). En él habla de la conmoción que supuso para él recibir el regalo de un libro cuyo título -como en un bucle- es El tiempo de los regalos, el primer volumen de la trilogía de Patrick Leigh Fermor en la que cuenta su portentoso viaje a pie a través de Europa. Si no lo conocen aun, recomiendo vivamente que pidan a alguien que se lo regale, o regálenselo ustedes mismos.* Se harán un inmenso favor. Como dice Macfarlane:

Las consecuencias de un regalo son inciertas en el momento de hacerlo, pero el solo hecho de que haya sido dado libremente lo reviste de un gran potencial, que actuará positivamente sobre el receptor. A causa de la gratitud que experimentamos, y dado que por definición el regalo es una dádiva que se entrega sin obligación alguna, nos inclinamos a aceptarlo con espíritu abierto y con entusiasmo. [...]
 No todos los libros recibidos como regalo son transformadores, desde luego. A veces lo único que el libro le causa al lector es un corte en el dedo. Pero como consecuencia de haber recibido tantos libros extraordinarios a lo largo de los años, ahora yo por mi parte suelo regalar tantos como puedo. Cumpleaños, Navidades... doy libros y casi sólo libros como regalo. Una o dos veces al año, invito a mis alumnos en Cambridge a mi estudio y les dejo escoger dos o tres libros a cada uno de entre los 50 o 60 que he diseminado por el suelo. El placer que les produce escogerlos y su incredulidad ante la idea de que sean gratis me recuerda cuán valiosos eran para mí los libros cuando era estudiante.
No existe, creo, satisfacción mayor que oír de boca de un amigo que le ha encantado el libro que le regalaste. Entonces es cuando el hecho de regalar un libro cobra toda su significación: tú, el dador, sientes como si el regalo te lo hubiesen hecho a ti. Porque, por fortuna, un libro es mucho más que un simple regalo. 

*Inexplicablemente, en estos momentos la edición española de este libro esta fuera de circulación (salvo en formato electrónico), y su precio de segunda mano ha alcanzado cotas notables. ¿Habrá algún valiente editor que se decida a recuperarlo? Venga, sean tan amables y hágannos este regalo.



9 comentarios:

  1. Regalar un libro es un acto mucho más comprometido de lo que parece, porque no debes regalar uno que te haya gustado a ti, sino uno que vaya a gustarle a la otra persona. Y es que tus gustos y los suyos no tienen por qué coincidir. Por eso yo sólo regalo libros a personas que conozco bien. Y por eso muchas veces he regalado libros que a mí no me interesan, o incluso considero malos. Pero es que no soy yo quien los va a leer...

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    1. Por supuesto, es importante pensar en el que va a recibir el regalo, no vaya a ser que ese libro que a ti tanto te gustó no encuentre el eco deseado. Pero, dentro de estos límites, me veo incapaz de regalar un libro que encuentre malísimo. ¡Seguro que hay otras alternativas!

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    2. Completamente de acuerdo con los dos. De hecho, supongo que os ha pasado también, cuando la persona a la que voy a regalarle un libro es de gustos completamente diferentes a los míos, me veo en grandes apuros precisamente por aquello de no regalar nada que no haya leído. ¡Cómo nos gusta complicarnos la vida a veces! :)

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  2. Sí, lo es. Pero fíjate que en los medios, por estas fechas, se anuncia de todo menos libros: juguetes, perfumes, ropa,... hasta viajes. Pero libros, no.
    Qué hermosas las palabras de Macfarlane, corro a buscar "El tiempo de los regalos" que tanto le gustó. Felices libros, querida Elena.

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    1. Te deseo mucha serte en tu búsqueda del libro de Leigh Fermor. Lamentablemente, como digo en mi nota, está agotado. La edición española claro. En ingles se encuentra en todo tipo de ediciones, porque es todo un clásico.

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  3. Hola Elena! esta vez, y es la primera , discrepo contigo en que solo si has leído un libro y te ha gustado debes regalrlo y no uno que no haya leído pues se convierte en mera mercancía...Yo regalo muchas veces libros que no he leído pero de los que sí conozco otras obras de su autor y por tanto me estoy asegurando regalar calidad, satisfacción etc. También regalo autores de los que no he leído nada pero sí el receptor o receptora del regalo, y le doy así con el gusto.
    Y por último , acabo de recordar que en tres ocasiones le reglé a un ax-amiga tres libros que me habían encantado y después de dos años me enteré de que no leyó ninguno de ellos ni intención que tenía...(tú dirás que , claro, por eso es ex- amiga)
    Un saludo y espero que recibas estupendos libros como regalo .Miss W

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    1. Pues sí, ja, ja... ¡es evidente que tu ex-amiga lo es con razón!

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  4. Yo estoy tan saturado de libros y con tantos problemas de espacio, que pido explícitamente que si me van a hacer un regalo que no sea un libro, que mis libros ya me los compro yo XD
    Eso sí, me sigue encantando regalarlos a mí :)
    ¡Saludos!

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    1. Te comprendo bien, Letraherido. Aunque siempre te queda el recurso de regalar a tu vez los libros que te regalan (una vez leídos, por supuesto)...

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