Visto que la situación política y económica no sólo no lleva camino de mejorar, sino que cada día resulta más agobiante, algo habrá que hacer para no dejarse arrastrar por esta marea negra. Al fin y al cabo, luce el sol (mucho, incluso), estamos en esos larguísimos días del solsticio de verano, e incluso en la ciudad tengo desde hace unos días el placer de oír los trinos de los pájaros, entre ellos los bellísimos cantos de un petirrojo. (Conste que no he llegado a verlo, pero youtube me ratificó en que esos sonidos eran en efecto de este ave. Es un misterio lo que hacía entre tanto asfalto.) Unido a esto, ¿qué mejor antídoto contra la depresión ambiental que un buen libro? A ser posible, uno que sea divertido. Así que me he puesto a recordar los libros que me han hecho reír. Pero reír de verdad, a carcajadas incontenibles, de esas que hace que tu familia o vecinos de tren o autobús -estos últimos casos son los que más embarazo producen- te miren asombrados. Aquí va pues una lista de los libros que me hacen reír. Soy consciente de que hay que subrayar el pronombre personal: me hacen reír a mí, lo que no quiere decir que a todo el mundo le vayan a hacer la misma gracia. El sentido del humor es algo muy personal y, como se puede constatar fácilmente, no muy bien repartido.
Richmal Crompton, Las aventuras de Guillermo Brown-Cualquiera de los numerosos títulos que componen esta añeja serie de novelas sobre un terrible niño inglés y sus igualmente incorregibles amigos, conocidos con el sobrenombre de "Los proscritos", es capaz de hacerme soltar la carcajada no una, sino varias veces. Era así cuando los leí y releí por primera vez, en mi infancia, y siguen manteniendo la misma magia. Doy fe porque he hecho la prueba: hace poco, haciendo orden en unas estanterías, no pude contener el impulso de abrir uno de los volúmenes y empezar a leer. Las carcjadas atrajeron primero al gato y sucesivamente al resto de la familia, que no entendían qué ocurría.
John Kennedy Toole, La conjura de los necios-Ya hablé de este libro en un post anterior. Un clásico imprescindible. Baste decir que, cuando quiero animarme, releo la carta que Ignatius envía al Sr. Abelman. Sencillamente desternillante.
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| Lord Emsworth y su cerda premiada |
P.G. Wodehouse, Ola de crímenes en el castillo de Blandings-De nuevo un autor del que podría recomendar casi cualquier cosa como lectura hilarante. Pero esta narración contiene todos los ingredientes del mejor Wodehouse: Jeeves, Bertie Wooster, Lord Emsworth e incluso sus cerdos premiados. Una mezcla irresistible.
David Lodge, Intercambios-La primera de sus novelas "de campus", donde Lodge demuestra, una vez más, que el mundo académico -que tan en serio suele tomarse a sí mismo- puede ser una fuente de hilaridad incontenible. Inefable el personaje de Morris Zapp, con el que el autor (o sus lectores) se encariñó tanto que lo recuperó en novelas posteriores.
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| Ilustración de Nicholas Bentley para Antrobus (via Strange Library) |
Lawrence Durrell, Antrobus-También hablé en otra ocasión de este libro, que es probablemente lo que más me gusta de Durrell, junto con sus libros de viajes. (Lo siento, no soy tan fan de su Cuarteto de Alejandría ni del Quinteto de Aviñón, aunque todo el mundo los considera más "literarios". Sea lo que sea eso.) Las tribulaciones de dos solteronas británicas que deciden publicar un periódico en inglés en un país balcánico son, entre otros episodios, tronchantes.
Sí, ya lo han visto, resulta que todos los autores que he citado son aglosajones. No es que la literatura de otras nacinalidades no tenga sus escritores humorísticos. Sin ir más lejos, me gustan mucho algunos autores del siglo XX español como Fernández Flórez o Jardiel Poncela. Pero, aunque en ocasiones hayan logrado arrancarme alguna carcajada, por lo general la cosa se queda en sonrisa, o en simple regocijo intelectual.
La risa es la mejor terapia. Para casi todo.



















