John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

viernes, 2 de julio de 2021

LA TIRANÍA DE LA NOVEDAD

 


No sé si aún quedan por ahí algunas de aquellas tiendecillas de barrio que se anunciaban con el rótulo de "Novedades". Son una especie en vías de extinción, como todo ese comercio añejo que se ha visto arrasado por el tsunami de la modernidad y de lo digital. Aunque resulta paradójico que los nuevos tiempos hayan acabado con unos establecimientos que, por definición propia, se suponía que estaban siempre a la última. Claro que ninguna de estas tiendas, de existir aún, debe de tener menos de sesenta años, nacieron en una época en que este era un país encerrado en sí mismo y mal comunicado. En aquel contexto, todo lo nuevo era extraordinario, un soplo de aire fresco. Para las mujeres de la generación de mis abuelas, las medias, el jersey o cualquier otro objeto de uso corriente que quisiesen adquirir pasaba gracias a la etiqueta de "novedad" a ser algo codiciable. 
Ahora, aunque las tiendas que se definían a sí mismas como expendedoras de novedades hayan desaparecido, seguimos en manos de otra tiranía de la novedad: el último modelo de cualquier cosa -a ser posible tecnológica- desbanca de inmediato al modelo anterior (que igual tiene solo unos pocos meses pero, ¡ay!, ya no es nuevo).  Personalmente, me ha costado siempre entender por qué el hecho de ser novedad debe suponer una ventaja respecto a lo que ya existe. Cuando me he acostumbrado a mi ordenador o a mi móvil, cuando mis manos se han hecho a ellos y ellos a su vez responden con diligencia a ellas, resulta que toca cambiarlos: algún programa fundamental ha quedado obsoleto, empieza a fallar la pantalla o surge cualquier otro contratiempo fatal. Porque por supuesto no se puede reparar, o te dicen que te sale más a cuenta comprar uno nuevo. Y a mí lo que me gustaría es conservar muchos años ese aparato que se me ha convertido en familiar (confieso que tengo alguno que es ya puro vintage, guardado celosamente). 



Si nos trasladamos al terreno literario, sucede algo parecido. No es cosa de ahora que los libros participen en esa carrera por la novedad. Hace décadas que las editoriales anuncian a bombo y platillo sus novedades de otoño, o las que salen para el día del Libro o para Navidad. Y en todos los casos parece que el solo hecho de ser libros nuevos les otorga galones. "La nueva novela del autor Tal o Cual" debe ser, por necesidad, mejor que las anteriores. Igual que "el nuevo fenómeno que arrasa en librerías" lo hace, sin duda, por el mero hecho de ser reciente, que le hace destacar por encima de todos aquellos otros volúmenes que llevan años en el mercado. Nunca nadie me ha sabido explicar a qué se debe tan curioso fenómeno. Así pues, tiendo a desconfiar de tanta fanfarria sin motivo aparente -insisto, que algo sea nuevo no garantiza que sea bueno-, y suelo dejar que las novedades librescas (aunque no solo estas) se asienten un poco y demuestren lo que valen en realidad. Una vez se ha apagado la polvareda del marketing -cosa de unos pocos meses, por lo general-, el libro empieza a sostenerse por sí mismo y es la recomendación de quienes ya lo han leído la que da el baremo de cuánto vale en realidad. 
Me dirán ustedes que, si todo el mundo hiciese como yo, ignorando las novedades hasta que dejan de serlo y se convierten simplemente en libros como los demás, si no existiesen esos lectores ávidos que, en cuanto una novela aterriza en librería -y antes, a veces- saltan sobre ella, anhelantes, ¿cómo podríamos los escépticos saber si vale la pena?  Y tienen razón: sin el arrojo de unos cuantos -a menudo suicida, pues en nombre de la novedad se tragan pestiños considerables-, tendríamos poco en que basarnos. Mi más sincero homenaje, pues, a estos arrojados perseguidores de novedades. Sigan leyendo y compartiendo sus decepciones y entusiasmos. Nosotros, los cautos, los que no nos tiramos a la piscina hasta no estar seguros de que hay agua y, a ser posible, de que no está demasiado fría, se lo agradecemos. 




22 comentarios:

  1. Tienes más razón que un santo, Elena. Hay que poner a “curar” las novedades, como los quesos... Yo corro el riesgo de caer en el prejuicio opuesto: libro que tenga menos de cincuenta... mmm... sospechoso. Y no es justo. Ni todas las novedades son bodrios, ni todas las novelas viejunas son buenas (=resisten la lectura gustosa hasta el final). Hay un tercer grupo: el de los “resucitados”. Textos de autores clásicos que aparecen de pronto en un cajón olvidado. Con este tercer grupo (ni nuevo ni viejuno) aún soy más escéptica. Pero vaya, en general solo me rasco el bolsillo con los del segundo grupo. Los nuevos y los resucitados los traigo de la Biblioteca o del Punto Limpio (el paisano que lo lleva, aquí en el pueblo, ha montado unas estanterías y es pasmoso lo que se puede encontrar ahí).

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    1. ¡Ah, los Resucitados! Por regla general, hay buenas razones para que un texto no se haya publicado en vida del autor. Por eso, hay que tomarlos con cautela. Diría que hay además un cuarto grupo: el de los autores de hace unas cuantas décadas, que habían caído en el olvido, pero que ahora ser recuperan. De estos me fío más, porque si han pasado por el infierno y lo han resistido, probablemente es que valen la pena.

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  2. Es verdad. Y quizá "han resistido" (al menos algunos de ellos) porque las razones que les llevaron a caer en el olvido no tenían qué ver con su calidad literaria. Pienso en Irene Némirovsky, en Chaves Nogales etc.

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    1. La política o las modas, ves a saber... A mí estas voces que renacen después de un tiempo de oscuridad siempre me provocan interés. En cualquier caso, más que la última novedad.

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  3. Ya sabes q soy de las tuyas, aunque luego acabo leyendo libros relativam. recientes pq me los regalan (por ej para mi cumple, q empecé ayer, "Outline" de Rachel Cusk). Pero el otro día estaba leyendo sobre un libro q están promocionando ahora bastante (y del q escribió MO el otro día) y dicen (la editorial): "la fiebre del enamoramiento y la inevitable rutina de las relaciones de largo recorrido" (oh nice, pienso, tema universal), y luego "Pero cuando está a punto de partir, recibe un mensaje suyo: «Dejémoslo aquí, quedémonos el recuerdo»" y pienso: esto es una variación de "La edad de la inocencia", q como sabes, leí hace poco. Eso quiere decir, para mí, q mientras me queden edades de la inocencia q leer no me voy a meter así a ciegas con un nuevo, a menos q me lo recomienden (o regalen, ji) mucho... :) Resumen: el tiempo es limitado, lo libros ... ya no.

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    1. Muy cierto. Pocas cosas dan más rabia que sentir que has perdido varias horas de tu vida leyendo un libro que no lo merecía. De ahí que invertir el tiempo en libros consolidados sea más aconsejable que seguir los cantos de sirena del marketing (al cual en realidad le es igual si lees el libro o no, le basta con que lo compres).

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  4. Ay, Elena, no puedo estar más de acuerdo contigo. Es horrible ver como pequeñas joyas se desprecian en aras a la novedad. Y no es que me disgusten las novedades literarias, pues estaría echando tierra sobre mi propio tejado. Acabo de publicar Nunca te hagas librero, pero creo que daría exactamente igual leerlo ahora, el año próximo, que dentro de una década porque los problemas de los que me ocupo, me temo, no van a cambiar y en sí mismo eso ya es algo para pensar. Hace tiempo releí La cartuja de Parma, de Stendhal y encontré cierto aroma a rancio que no me ocurre, por ejemplo, con Tolstoi. No es tanto cuando se ha escrito el libro ni el tema ni el estilo, sino cierta contemporaneidad que hace a ciertas obras imperecederas ajenas, por completo, al momento en que se escribieron o al momento en que se están leyendo. Personalmente, me encuentro entre los pocos ávidos de novedades. Hay tantísimo y tan bueno para leer que no veo necesidad ninguna de pelearme por ser la más informada del mundo. Ahora que ya no soy librera, mucho menos.

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    1. Evidentemente, entre las novedades hay libros que valen la pena, pero yo me rebelo ante todo contra la machacona insistencia en vendernos "lo último", por encima de cualquier otra consideración. Como tú, no veo la necesidad de ser la persona más al día en lecturas, me conformo con ser capaz de aplicar algún tipo de criterio que vaya más allá del de la simple la novedad. ¡Buscaré tu libro! Ya sabes que las reflexiones y anécdotas librescas son lo mío.

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  5. Gracias por tu interés Elena. Me gusta la editorial en la que está mi libro porque es la de Anne Fadiman y su delicioso Ex Libris, libro que sé que te entusiasma porque te leo desde hace tiempo. Las carambolas de la vida... (También soy una entusiasta de esta autora a la que tuve que leer en un ejemplar de la biblio). Esta es otro tema incomprensible: ¿por qué hay libros buenísimos, agotados y libros horribles que acaparan atención a tutiplén?

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    1. Eso mismo me pregunto yo, Celia. ¡Hay tantos libros que merecerían reeditarse en lugar de gastar papel en bodrios infumables! Me alegré de que al menos se reeditara Ex Libris. Hay otro librito de ensayos de esta autora, "At large and at small", que es también delicioso, aunque no todo vaya de asuntos librescos. He intentado varias veces que alguien se anime con él, pero no hay manera.

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    2. Perdón por entrometerme en la conversación pero citais Ex Libris, que me gustó muchísimo -y en el que me reconocí en muchas cosas.
      Y como a mí también me gustan los lbiros que tratan y reflexionan sobre libros, bibliotecas, librerias y lectura también tomo nota de este Nunca te hagas librero.

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  6. Y ya de modo general, diré que a mí también me dan un poco de prevención las novedades "novedosas" que me venden como lo más de lo más de la calidad literaria. Y ya cuando dicen la sucesora (o sucesor) de XXXX (escritor de prestigio) se me encienden las alarmas en el rojo más intenso. Lo mismo que cuando dicen del autor de .... .

    A veces me pregunto si no seré yo la que está equivocada. Porque no entiendo como determinados autores venden tantísimo o ya antes de publicar, tienen sus libros vendidos a no se cuantos paises y otros, que me parecen muchísimo mejores, languidecen en los estantes de la librería o biblioteca

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    1. Esa es una pregunta que muchos nos hacemos. ¿No seremos nosotros los equivocados? Pero luego, por probar, lees uno de esos libros megaventas y te parece insoportable. Creo que lo único que queda es intentar que esos libros estupendos que yacen olvidados en las estanterías sean conocidos por más gente. Y en eso estamos...

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    2. Las conversaciones a varias bandas siempre son interesantes. Y las coincidencias más. Es curioso como la mente nos predispone hacia aquellas personas con las que compartimos gustos. ¿No os ha pasado alguna vez ver a alguien leyendo uno de vuestros libros favorito e instantáneamente sentir alegría? Te animo Lammermoor a que compartas tu opinión de Nunca te hagas librero, si lo lees.

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  7. Leyendo tu artículo y pensando en lo hipnótico que nos resulta a los lectores la mesa de novedades (aunque luego no compremos), pensaba en el fondo de clásicos: no todas las librerías tienen un buen fondo de clásicos (como un fondo de armario) y eso me fastidia más que las mesas de novedades porque, a menudo, entramos en ellas a la busca de un título clásico... aunque salgamos con novedades. Besos.

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    1. Las librerías que frecuento son, invariablemente, las que tienen un buen fondo. Las otras, que parecen consistir solo en novedades y pilas de libros que el editor quiere promocionar, las evito con sumo cuidado.

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    3. Mónica, una librería bien surtida es un edén para el lector. El equilibrio perfecto sería un servicio de novedades bien pensado y un fondo de clásicos y no clásicos adhoc. Como dice Elena, estas librerías existen pero pensad que una librería es una tienda que tiene que rentabilizar cada centímetro de su espacio. Sería interesante conocer por dentro el tema librero para hacerse una idea más en detalle. Como yo he sido librera sé lo difícil que es trazar unos dibujos que gusten a cada cliente.

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  8. Tampoco soy de las que se tira a la piscina de las novedades. Pero a veces pico porque sé que si no compro el título que me apetece, no lo voy a encontrar más tarde. Porque algunas novedades son tan efímeras, que desaparecen por completo a los pocos meses y no hay quien las encuentre cuando dejan de serlo.

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    1. Esa es otra: resulta que, por más que nos animen comprar lo último y lo más nuevo, las novedades desaparecen tan rápido que, si por casualidad decides hacer caso de la publicidad y comprarte alguna, has de darte mucha prisa. De otro modo, igual ya no la encuentras.

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  9. Bonita entrada…Esas tiendas viejunas de Novedades ya dan hasta un poco de ternura en su propia contradicción. Además, nunca tuvieron nada original y único, todo estaba dentro de lo respetable y de lo tradicional,pero sabían que la palabra atraía al público. Con los libros igual, el más novedoso por recién publicado puede ser el más rancio y tradicional.
    Yo tampoco soy dada a leer novedades, odio los best-seller por sistema, hasta que no pasan unos años y demuestran que merecen la pena dedicarles un rato. Así que tampoco estoy al día, salvo en lo que publican mis autores preferidos, los que están vivos,claro…que son pocos.
    También a mí me da rabia tener que cambiar de móvil, o de coche…cuando ya te conoces lo que manejas es una lata el cambio, aunque sea para mejor.
    Saludos fresquitos

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    1. Gracias, Marisa, a mí también me fascinan esas tiendas de Novedades. Recuerdo mi perplejidad de pequeña -en esa época en que todo es nuevo y no paras de hacerte preguntas- cuando descubrí que en sus escaparates no había nada nuevo: solo las medias, calcetines y jerséis de siempre. ¿Qué había de nuevo en esa ropa tan corriente?
      No entiendo a la gente que se cambia el móvil cada año o corre a comprarse el último modelo de tablet o de coche (aunque para esto último hay que tener un bolsillo muy hondo). ¡Con lo cómodo que es manejar un aparato que te resulta familiar! Hasta me molestan las constantes actualizaciones de los sistemas y aplicaciones que utilizo. "Hemos actualizado nuestra aplicación" ¿Pero qué necesidad había, si luego el cambio es las más de las veces pura cosmética?

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