John F. Peto

John F. Peto
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martes, 19 de diciembre de 2023

MIS LIBROS DE 2023

Muy a favor de estos Father Christmas 
victorianos, vagamente inquietantes. 

¡Ho, ho, ho! Ya llegó otra vez esa época del año en que todo el mundo insiste en que nuestras Navidades serán más felices si compramos sus productos. ¿Vas a regatearles un poco de felicidad a tu familia y amigos? Compren, compren... y nos bombardean con sugerencias para todos los gustos y todas las ocasiones. Y, cómo no, llegan también las listas de "los mejores libros del año". Listas por todas partes y para todos los gustos. Listas que, por supuesto, esconden un reclamo publicitario. Compren, compren... 

Ya ven, es difícil resistirse a tanta presión ambiental, así que aquí estoy, tratando de confeccionar mi lista. Eso sí, les prometo que será modesta, porque cuando veo eso de "los 100 mejores libros" me empiezo a marear. Aparte de que, ¿esos señores que decretan cuáles son los "mejores libros" del año, los habrán leído todos? Sospecho que no. A diferencia de ellos, puedo asegurarles que yo SÍ habré leído las obras que incluya en mi lista, aunque, para variar, casi ninguna sea estricta novedad. Hasta hay alguna -y muy destacada- que tiene más de un siglo de antigüedad. Sin embargo, por los buenos libros no pasan los años. 

Y es que, para encabezar mi lista no he de hacer ningún esfuerzo: de lejos, mi mejor lectura de 2023 ha sido Guerra y paz, de Lev Tolstói, en la maravillosa versión de Joaquín Fernández-Valdés (que, con todo merecimiento, recibió el Premio Esther Benítez por esta traducción). 


No sé cómo se las ingenia el célebre conde, pero este es uno de esos libros que uno no lee, sino que los vive. Desde la primera página, estás ahí, en los salones y en las batallas, acompañando a todos sus personajes, sufriendo y amando con ellos. ¿Que es largo, dicen? No lo suficiente, se lo aseguro, porque al acabarlo una desearía que tuviese mil páginas más. 

La verdad es que, tras recomendar calurosamente este monumento de la literatura, casi podría dejarlo aquí. Si me hacen caso, con esto ya tienen lectura para unos meses. Pero, como no todo en nuestra vida lectora han de ser magnas obras, ahí va mi segunda recomendación, en un registro muy distinto. 

Se trata de La autopista Lincoln, la tercera novela del norteamericano Amor Towles; sí, yo también desconfié de un autor con este nombre, que más parece el seudónimo de una escritora romántica, pero es un escritor serio, graduado en Yale y aficionado al jazz; por encima de toda sospecha, pues. Este autor, que ya nos había proporcionado muy buenos ratos con su obra anterior, Un caballero en Moscú, abandona aquí la Rusia revolucionaria para llevarnos a un recorrido por su Estados Unidos natal. Se trata de una novela llena de personajes curiosos, entretenida, simpática, ideal para levantar el ánimo. Una lectura perfecta, diría yo, para esos meses mustios de enero y febrero en que una no tiene ganas de nada. 


Y, para contrarrestar las luces y el espumillón que nos rodean, nada mejor que una lectura un tanto inquietante: El ocupante, de Sarah Waters (en este blog somos muy partidarias de las lecturas tenebrosas en general, algún día tengo que hacer una lista de mis favoritas). Como sé que hay muchos escépticos de este género, dejaré que sea la autoridad de Hilary Mantel (¿alguien puede competir con una señora que ha ganado dos veces el Booker Prize?) quien hable sobre ella: "El ocupante opera en las turbias fronteras entre lo sobrenatural y lo psicopatológico, y es un territorio en el que Waters se mueve con suprema facilidad. Uno de los placeres de este libro es cómo sabe combinar lo espeluznante con una penetrante observación social. Se encuentra cómoda en una ambientación de posguerra convincente; por más que nos dé pena la familia de Hundreds Hall a medida que su mansión ancestral y su cordura se van desmoronando, Waters nunca permite que olvidemos sus repulsivas actitudes sociales. En algunos momentos, se diría que el espíritu que los ronda es el de su esnobismo."


Para finalizar -ya les dije que sería breve-, y puesto que es inevitable que en algún momento llegue el verano, nos vamos al Egeo, en compañía de Charmian Clift y su familia, quienes, hartos de la vida en el Londres gris de los cincuenta, huyen a una isla griega poblada por pescadores de esponjas. Cantos de sirena es la chispeante crónica de su adaptación, no siempre fácil, a la isla y sus habitantes, un libro que con la distancia temporal resulta ser casi un estudio antropológico de una forma de vida ya desaparecida. 


Si quieren pasar un buen rato, aquí tienen estas sugerencias, de verdad infalibles. Y ni siquiera hace falta que se desdineren, posiblemente puedan conseguir ejemplares en su biblioteca local. Contrariamente a lo que dicen por ahí, comprar no da la felicidad. Leer, sí. ¡Lean y disfruten del 2024! 


jueves, 1 de diciembre de 2022

LIBROS DELICIOSOS DE 2022


¿Todo se acelera o soy yo que voy más lenta? (si hemos de fiarnos de mi escasa producción de entradas en el blog, quizás sea lo segundo). En todo caso, hace un mes que en los supermercados venden turrones y las tiendas ya hace al menos quince días que lucen su decoración navideña. ¡Y sólo es 1 de diciembre! Siguiendo con esa tendencia a adelantarlo todo, hoy mismo he empezado a ver en redes listas de "los libros de 2022" (¿y diciembre? ¿es que la gente no lee en diciembre?). Aparte de resultarme chocante, me ha recordado que tengo que poner al día mi lista de lecturas del año -sí, desde hace dos o tres años he conseguido llevar, a trancas y barrancas, una relación de libros leídos, todo un logro para mí- y, por qué no, seleccionar algunos para ponerlos aquí. (Soy poco amante de estas listas, pero algún año he hecho algo que se le parecía.) 

Constato algunas cosas curiosas: definitivamente este ha sido un año Daphne du Maurier. Desde que preparé, hace un par de años, creo, un club de lectura en torno a Rebecca y leí la espléndida biografía de esta autora escrita por Margaret Forster (es un lujo poder leer la biografía de una autora escrita por otra escritora: véase la de Charlotte Brontë por Elizabeth Gaskell) tuve la impresión de que se trataba de una escritora injustamente minusvalorada. Seguramente tenga bastante que ver que solía cultivar un tipo de literatura a menudo a caballo entre el suspense y lo gótico, y que ya desde un principio de su carrera vendió muchos miles de ejemplares; la crítica tiende a despreciar los bestsellers, no importa lo buenos que sean. A raíz de ello, me embarqué en una cruzada de lecturas du Maurier que, aparte de confirmar mis suposiciones, me han procurado unos ratos buenísimos. A estas alturas, sólo me quedan por leer tres o cuatro libros suyos. Seguro que caen en el 2023.


                                                Aquí van unos cuantos Daphne du Maurier de muestra.
                                                                    Hay muchos más, no se los pierdan.

También ha habido una maratón de Elly Griffiths y su antropóloga forense Ruth Galloway. Aunque esto entre en otra categoría, es igualmente adictiva. Tomen buena nota los amantes de las series policiacas.  

Pero dar aquí un listado de mis lecturas del 2022 -¡y falta diciembre, en un mes se puede leer mucho!- sería tedioso y pesado, tanto para mí como para mis lectores. En aras de la ligereza, y porque sé que me lo agradecerán, les voy a recomendar unos cuantos libros deliciosos que han pasado por mis manos durante este año. (Ojo, que no quiere decir que sean novedades de este año, alguno ya tiene trienios; ya saben que el concepto de la novedad me tiene sin cuidado.) 

Jonathan Coe, El señor Wilder y yo

¿Qué hay mejor que ser una joven estudiante sin planes para el verano y que te propongan trabajar para Billy Wilder, que va a rodar una película en una isla griega? Seguramente el segundo plan mejor después de éste -un muy buen plan, ciertamente- es leer la historia que ha escrito Jonathan Coe sobre ello. Cinefilia, nostalgia y literatura de la buena, y todo en pocas páginas. 


Gianni Stuparich, La isla

No sé si entra en la categoría de libros deliciosos, porque el tema no es alegre -un chico que acompaña a su padre, que padece un cáncer avanzado, en un último viaje a su isla natal-, pero sí lo es por el placer que procura su prosa elegante y depurada, así como la franqueza con que encara un asunto trascendental como la muerte. 


Richard Osman, El jueves siguiente

Esta sí, ligera, ligera. Puro entretenimiento, pero ingenioso y simpático a rabiar. Unos cuantos jubilados resuelven crímenes. Así de tonto, pero ¡qué bien narrado! Continuación de la igualmente deliciosa El club del crimen de los jueves, que si no han leído, recomiendo lean en primer lugar. (Sé que ha salido una tercera entrega. Igual cae antes de que acabe el año.)


Stefano Mancuso, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal

Me van a decir que esto no pega ni con cola con todo lo demás. Como habrán adivinado por el título, se trata de un libro de divulgación científica, que habla sobre las plantas y su inteligencia. Todo viene de una exposición que vi hace unos meses titulada "Ciencia-fricción", que venía a demostrar que el ser humano no es el centro del universo, que en realidad estamos rodeados de seres con inteligencias distintas de las nuestras, pero igualmente asombrosas. En ella se mencionaba a este autor, uno de los estudiosos de las plantas más influyentes en los últimos años y quise saber más. Lo que este científico explica constituye una verdadera cura de humildad y una fuente inagotable de fascinación. Así que sí, no sólo es un libro delicioso, sino que te abre nuevos caminos. 


Y con esto, hasta el año próximo, probablemente. ¡Mis mejores deseos para un 2023 repleto de buenas lecturas!



jueves, 31 de diciembre de 2020

LECTURAS 2020


Quién nos iba a decir cuando despedíamos el 2019 que ese 2020, tan bonito y redondo, iba a salir así. Hay una maldición, probablemente apócrifa, aunque algunos la atribuyen a la sabiduría tradicional china,  que dice "Ojalá vivas tiempos interesantes". Cuando estábamos inmersos en la placidez de la normalidad, tan aburrida a veces, costaba entender que se trataba de una maldición. Ahora nos hemos dado cuenta de que sí lo es. Y cómo. 

En fin, qué les voy yo a explicar de este infausto año que no hayan vivido ya en carne propia... Pero he venido aquí a hablar de libros, no de calamidades. Repasando las lecturas del año (esta vez he logrado llevar -más o menos- una lista, aunque seguro que se me han escapado algunos), veo que, a pesar de los confinamientos, no he leído mucho más que en años anteriores. ¿Quizá las series y otras pantallas han robado parte de mi atención? Lo que sí observo, volviendo la vista atrás, es que los libros leídos A.P. (antes de la pandemia) parecen remotos, como si fuesen lecturas de muchos años atrás. Otra realidad, otro mundo. Entre ellos está el que puedo calificar como:


El libro del año

Los Diarios de Iñaki Uriarte (que leí en una preciosa edición completa de Pepitas de calabaza) es uno de esos libros para leer y releer. En literatura, como en cualquier otro arte, la mirada del artista es lo importante, porque los buenos artistas nos hacen ver la realidad de otro modo, nos revelan aspectos que hasta entonces permanecían ocultos a nuestros ojos o a nuestro entendimiento. Y es la mirada de Uriarte sobre la vida, sobre lo que observa y lo que lee, la que hace de este un libro memorable. Es posible que el género memorialístico no sea para todo el mundo; absténganse si lo que buscan es acción y misterio.  Por mi parte, solo puedo decir que he recomendado mucho este libro y que todas las personas que lo han leído han quedado fascinadas por él. 



El libro del que todos hablan que resulta ser tan bueno como dicen

En pleno confinamiento (el primero, que yo he pasado ya por dos este año), empecé a oír hablar insistentemente de El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Un libro sobre la historia de los libros parece perfecto para mí. Pero una se ha acostumbrado a desconfiar un poco de los elogios desmedidos, ya me he llevado más de un chasco, de modo que resolví esperar. Además, puesto que la historia de los libros y de la lectura es desde hace tiempo uno de mis principales intereses, no sabía si ya todo me iba a sonar conocido. Sin embargo, cuando tuve que afrontar mi segundo confinamiento, decidí que era el momento de leerlo. Me encantó. No tanto por lo que cuenta -ciertamente, bastante familiar para mí- sino por cómo lo cuenta, por cómo su autora es capaz de hilvanar la historia, contarla con amenidad y enlazar asuntos remotos con preocupaciones contemporáneas. Enseñar deleitando.



Desde Rusia, sin amor

Bueno, no exactamente desde Rusia, porque Sergéi Dovlátov emigró a Estados Unidos, desde donde escribió una ácida y nostálgica novela titulada La maleta, que siendo muy contemporánea en su estilo, bebe también de la tradición literaria rusa (Gogol, más que Tólstoi). Original, corrosivo y melancólico a un tiempo. Un pequeño libro y una gran lectura. Para redondear esta inmersión rusa, las memorias de Elena Gorokhova, Un montón de migajas, donde su gris juventud en el Leningrado de los sesenta se mezcla con la historia de su madre, médico durante la Segunda Guerra Mundial.  



El encanto de lo British (antes de que asomase el Brexit)

¡Ah, aquellas tardes de té y emparedados de pepino, aquellos encantadores pueblecitos de primorosos jardines donde la mayor emoción era la llegada de un nuevo vicario! Una visión idílica que probablemente nunca existió, pero que resulta enormemente reconfortante para los lectores. En este apartado, el descubrimiento del año ha sido Angela Thirkell, de la cual de momento solo hay una novela traducida, Fresas silvestres, pero cuyas obras he devorado en inglés durante esos meses. Aparte de lo ingeniosas y divertidas que son sus novelas,  tienen a su favor que realmente fueron escritas en los años treinta y cuarenta. Sí, algunas de ellas en plena guerra, retratando así la vida cotidiana en el frente doméstico (el racionamiento, los refugiados, la tristeza por las pérdidas de familiares y amigos) sin perder nunca el buen humor. Thirkell -por cierto, de una familia muy vinculada a las artes, nieta del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones- ha sido la lectura perfecta para estos meses difíciles. (Hablé más de esta autora en una entrada anterior.)



Detectives de barrio (de Barcelona)

Desde que descubrí hace unos años la estupenda Don de lenguas, me he convertido en lectora asidua de Rosa Ribas. Hasa ahora, había realizado incursiones en la realidad barcelonesa de los años cincuenta (además de la Trilogía de los años oscuros que abre Don de lenguas, con Pensión Leonardo, un retrato memorable del Poble Sec de la época). Con su última novela, Un asunto demasiado familiar, se ha atrevido a aproximarse más en el tiempo, pues transcurre en nuestros días en un barrio poco frecuentado por la literatura, Sant Andreu. La trama detectivesca queda oscurecida por la historia de una familia de detectives llena de secretos. ¡Y de vida de barrio! Otro autor barcelonés, Eduard Palomares, nos lleva también por las calles de mi ciudad para desentrañar un caso en No cerramos en agosto, de la mano de un detective novato y con contrato en precario. Ambas novelas son una buena muestra de que el género detectivesco se presta a todo tipo de piruetas.

Ha habido muchos libros más, claro que sí, en este año tan raro, pero he preferido destacar únicamente los que han resultado distintos o inesperados por algún motivo. No puedo terminar esta entrada sin señalar que por fin, gracias al confinamiento, he logrado algo que tenía pendiente desde que, hace ya cuatro o cinco años, me compré en los bouquinistes de París una bonita edición de Du côté de chez Swann, de Marcel Proust. Leer a Proust en francés es un poco como escalar una montaña: duro a veces, te deja sin aliento a menudo, pero disfrutas de cada momento del trayecto y te sientes como nadie cuando alcanzas la cima. 

Mis mejores deseos para el 2021. ¡Salud y buenas lecturas!


jueves, 28 de diciembre de 2017

LECTURAS 2017

(Escultura de Malena Valcárcel)

Parece que fue ayer que preparaba una entrada parecida para 2016 y ya ha pasado un año. ¡Y vaya año! Puesto que no entra dentro del ánimo de este blog discursear sobre actualidad ni sobre política, me conformaré con decir que hemos ido de sobresalto en sobresalto. Algo de literario ha tenido todo ello, la verdad, porque los sucesos del mundo real han dejado pequeña a la ficción. Si hace un año nos cuentan la mitad de lo que hemos podido ver y experimentar en estos doce meses, lo hubiésemos creído producto de la febril imaginación de un escritor. También es preciso reconocer que el estado revuelto del mundo real, tan hosco y antipático él, impulsa a buscar refugio en el lugar más acogedor que puede haber: las páginas de un libro. He de mencionar igualmente una de las mejores cosas de este ya casi fenecido 2017, la aparición de mi libro El síndrome del lector, que tantas satisfacciones me ha dado. 
Así las cosas, como imaginarán, la cosecha lectora de estos meses ha sido abundante. Y aún me he quedado con las ganas de leer muchos libros más, que esperan pacientemente que les llegue el turno en la estantería, o a los que tengo echado el ojo en la biblioteca. (Desde aquí os lo digo, ¡no os escaparéis!) Hacer una lista medianamente completa de mis lecturas sería abrumador, aparte de que mi resistencia a llevar una relación exacta de lo que leo lo hace decididamente irrealizable (admiro sin reservas a aquellos blogueros que dan cumplida cuenta de ello). Como es natural, en este año lector ha habido de todo: lecturas peñazo, libros que ni fu ni fa (muchos serán de esos que al cabo de un tiempo no logro recordar haber leído), libros distraídos sin más, libros que han despertado mi interés (por motivos diversos) y también, claro, alguna de esas perlas raras, libros que dejan huella. 
Para esta selección de final de año me he limitado a estos últimos, todos ellos libros que recomiendo vivamente. Como saben bien mis amables seguidores, en este blog leemos de todo, y la selección que sigue refleja el eclecticismo de mis gustos lectores. Dejo al albedrío de cada cual encontrar el tipo de lectura que más encaje con sus gustos.




El cuento de la criada, de Margaret Atwood (Salamandra)
Ya me lo dijo mi madre, hace un montón de años (debió de ser cuando esta novela se publicó por primera vez en España allá por 1987... una eternidad): es un libro que hay que leer. Una, joven y atolondrada, no le hizo caso. Y yo me lo perdí. Ahora, con el revival de esta novela propiciado por la serie, decidí que lo sensato era leer ante todo el libro. Como siempre, mi madre tenía razón. (Ahora, es demasiado tarde para decírselo y lo lamento infinitamente.) Es un libro terrible, que sospecho que da incluso más miedo ahora -con la perspectiva del tiempo y todo lo sucedido y lo que hemos sabido entretanto- que cuando salió. Pero es una novela que no puede faltar en el bagaje de cualquier lector que se precie. Porque está muy bien narrada; porque huye tanto del tremendismo como de la complacencia; porque sabe crear un mundo distópico y a la vez terroríficamente plausible; porque sirve para lo que han servido muchas buenas novelas a lo largo de la historia, para alertar sobre un problema social y remover las conciencias.



El país donde florece el limonero, de Helena Attlee (Acantilado)
Subtitulado "La historia de Italia y sus cítricos", a priori este podría parecer un libro sobre horticultura, algo muy especializado y sólo para fanáticos de la agricultura. Nada más lejos. He de decir que lo compré solo por el título que, como sin duda sabrán, es un obvio guiño a las frases de Goethe sobre Italia, "el país donde florece el limonero"; una mezcla de nostalgia y romanticismo irresistible. Hay libros que te llaman, aunque no tengas ni idea de lo que vas a encontrar en su interior, y este superó mis expectativas. Es una obra llena de datos fascinantes para amantes de la literatura, del arte y de la historia, pues sobre todo ello nos cuenta Helena Attlee en un viaje por el espacio y el tiempo en pos de esos hermosos frutos dorados. 



SPQR, de Mary Beard (Crítica)
A estas alturas, creo que Mary Beard no necesita presentación ni recomendación alguna. Aparte de sus muchos premios y distinciones académicas, es una de las clasicistas más conocidas por el gran público, gracias sobre todo a sus documentales sobre Pompeya y el mundo romano (si no los conocen, no se los pierdan, están en YouTube), aparte de mantener un blog, "A Don's Life", que es una pura delicia. Posee una enorme facilidad -esa que según dicen es propia de los sabios- para explicar de forma accesible asuntos complejos, una habilidad que se evidencia en esta historia de la antigua Roma, desde su mítica fundación hasta el año 212 d. C. (en que Caracalla extendió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio). Es una maravilla ver cómo toda la erudición está ahí, pero no pesa. "Prodesse et delectare" (enseñar deleitando) podría ser su lema.



La edad de los prodigios, de Richard Holmes (Turner)
La biografía también puede ser literatura, como han demostrado algunos de los grandes biógrafos (véase Stefan Zweig o Emil Ludwig). Richard Holmes, sin duda, se cuenta entre ellos. Ya hablé anteriormente en este blog de otra de sus obras (por cierto, recientemente publicada en castellano, no se la pierdan tampoco), Footsteps (Huellas). Este es un libro deslumbrante, formidable como los personajes cuyas vidas relata y la época de maravillas y descubrimientos que desvela ante nuestros ojos. Entre los retratos biográficos que discurren por sus páginas hay astrónomos, exploradores, aeronautas y científicos. Hombres, pero también mujeres (que por regla general han de combinar sus veleidades científicas con el manejo del hogar, como Caroline Herschel). Ciencia y literatura van armoniosamente de la mano en esta obra llena de hálito romántico.



Los años ligeros, de Elizabeth Jane Howard (Siruela)
He comentado más arriba que ciertos libros son el mejor refugio cuando la realidad se vuelve inclemente. Y, de entre todos ellos, pocos resultan más satisfactorios que una buena saga familiar, de esas en que el lector se sumerge en las vidas de una constelación de personajes -familiares, amigos, amantes, criados-, siguiendo sus avatares y llegando a conocerles como si él también formase parte de su mundo. Esto es lo que ocurre con las "Crónicas de los Cazalet", de las que Los años ligeros es el primer volumen. Confieso que, una vez comenzada la saga, no pude parar, y me hice con el resto de volúmenes (que, imagino, aparecerán próximamente en castellano, si sus editores saben lo que hace). Un ciclo novelístico que resulta absorbente, lleno de personajes memorables y de detalles de época muy bien observados. El libro perfecto para un fin de semana lluvioso o para las largas noches de invierno. Si no la han leído aún, probablemente una de las mejores maneras de terminar este año. Dense prisa.