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| Jack London, escritor y hombre de acción |
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Así se ha de ver el pobre escritor de Misery, torturado por
su admiradora.
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Aunque una cosa es inventarse un personaje de profesión escritor y otra -un paso más allá- tomar a un escritor de verdad (preferiblemente muerto, me temo que la susceptibilidad de los aún vivos no soportaría este tratamiento) y convertirlo en personaje de tu novela. ¿Se puede hacer? Pues sí, se puede. Los escritores que suelen merecer este tratamiento son, hasta donde yo sé, figuras de culto. Es decir, el autor que toma a un compañero de oficio y lo incluye en su novela (y más si es como protagonista) es porque quiere hacerle un homenaje; esto no excluye que se permita deslizar alguna crítica. Nadie es perfecto, ni siquiera los escritores. Por citar un ejemplo famoso, Michael Cunningham utiliza a Virginia Woolf como personaje y eje vertebrador de Las horas. Además, si uno elige a un autor con un estilo marcadamente personal, puede permitirse -en plan lucimiento- imitar incluso su estilo. (Si se hace bien, es un guiño al lector avisado; si no, el asunto puede llevar a la catástrofe. Están avisados.) Uno de los autores que parecen haber conocido más reencarnaciones novelescas es Henry James. Es cierto que entra dentro de los autores de culto -creánme, nunca critiquen a James ante un jamesiano de pro-, pero quién diría que alguien con una vida tan poco novelesca podía ser un personaje de novela. Pues tanto Cólm Toibin, con The Master, como David Lodge, con ¡El autor, el autor! (hablé de esta espléndida obra en otro lugar), le han dedicado novelas.
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| Henry James |
Volviendo a lo que decíamos el principio: ¿son o no son los escritores unos buenos personajes de ficción? A la luz de estos ejemplos, parece claro que, si caen en buenas manos, pueden ser extraordinarios. La habilidad, como se puede comprobar, está en el que escribe, no en su sujeto.










