John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

jueves, 13 de octubre de 2011

EL AÑO DEL PENSAMIENTO MÁGICO

Desgraciadamente, la pérdida de alguien querido es un trance por el que todos hemos pasado, o pasaremos, alguna vez. Ante el dolor moral, ese negrísimo pozo sin fondo donde tan fácil es perderse, la literatura puede servir de consuelo. A eso aspiraban, por ejemplo, algunas de las más bellas epístolas de la antigüedad, como la de Séneca a Lucilio sobre la muerte de los amigos más queridos. Montaigne escribió también algunas páginas conmovedoras sobre la muerte de su gran amigo Étienne de La Boétie. Sin embargo, el libro que hoy recomendamos, El año del pensamiento mágico de Joan Didion, más que un tratado para apaciguar el ánimo es la crónica de un duelo, el duelo de la autora ante la muerte súbita del que fuera su esposo y amigo durante cuarenta años. No ofrece palabras de consuelo, ni pretende ser una obra de autoyuda, sino que constituye un retrato sereno y desgarrador a un tiempo de lo que una pérdida así supone para el que queda atrás. Una travesía por el territorio del dolor, que Didion reseña paso por paso, desde ese instante en que "la vida tal como tú la conocías acaba." Esa insondable ausencia, ese hueco inimaginable, ese "nadie con quien estar de acuerdo, en desacuerdo o con quien discutir", es a lo que debe ir acostumbrándose día a día. Por si fuera poco, su única hija contrae una grave enfermedad (moriría a los pocos meses) y Joan debe hacer frente sola a este nuevo desastre emocional. Puede parecer un libro triste, y su tema desde luego lo es. Pero la distancia y la absoluta sinceridad con que Didion es capaz de observarse a si misma -sus pensamientos, sus recuerdos, sus inexplicables cambios de comportamiento- y su capacidad para expresar sus sentimientos sin caer en el sentimentalismo hacen de estas breves memorias una obra que traspasa barreras. De manera similar a otro gran clásico de la pérdida y el dolor, Una pena en observación de C.S. Lewis, Didion sabe convertir la tragedia privada en una experiencia universal.

[La foto fue tomada por mí este fin de semana en un bellísimo pueblecito del sur de Francia. Ese momento en que las hojas empiezan a cambiar de color me trae siempre recuerdos agridulces de los seres que se han ido.]

viernes, 7 de octubre de 2011

LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS

La narración es la manera que tenemos los seres humanos de darle sentido al mundo, de poner algún orden en lo que nos sucede. De otro modo, estaríamos rodeados por una serie de hechos aislados, exentos de prioridad, y nos sería imposible distinguir lo relevante de lo irrelevante. Inconscientemente, todo el mundo convierte lo que le sucede en una narración, una historia que se explica a sí mismo y a los demás, una historia que además no permanece inmutable, sino que va evolucionando con nosotros. Que estas narrativas tienen una función muy importante en el desarrollo de la personalidad es algo que se sabe desde hace tiempo, y que ya observaron Freud y los pioneros del psicoanálisis. Luego, estudiosos como Bruno Bettelheim desvelaron el papel que tienen en el psiquismo de los niños las narraciones populares, los "cuentos de hadas", que cumplen una función terapéutica; primero, porque reflejan sus experiencias, pensamientos y sentimientos; y, segundo, porque ayudan a superar las ataduras emocionales por medio de un lenguaje simbólico. Ni siquiera es necesario limitarse a la infancia: estoy segura de que una buena parte de la ficción opera de modo muy similar en los adultos. En las últimas décadas, la neurociencia ha venido a avalar la importancia de la narración, así como las claves ocultas en la herramienta de que nos valemos para articularla, el lenguaje. En un interesante artículo publicado hace pocas semanas por la revista Scientific American, el director del departamento de psicología de la Universidad de Austin, Texas, James Pennebaker, explicaba algunas características insospechadas de los pronombres. En la década de 1980, su equipo llevó a cabo una serie de experimentos que demostraron que, cuando a la gente se le pedía que escribiese sobre sus problemas emocionales, su salud mental mejoraba. Entonces, con la intención de comprender mejor el poder de la escritura sobre la mente, idearon un programa de análisis de textos que les llevó a un curioso descubrimiento: el modo en que utilizaban los pronombres en sus textos permitía predecir qué sujetos experimentarían una mayor mejora. Adicionalmente, a medida que su salud mejoraba, su uso de los pronombres iba cambiando. Esto les llevó a indagar en cómo la mayoría de las personas utilizan los pronombres, en toda clase de textos (emails, conferencias, clases, cartas o conversaciones). También analizaron las obras de poetas y novelistas a lo largo de toda su vida, con algunos hallazgos singulares. Por ejemplo, que los poetas que se suicidaron tienden a utilizar más el pronombre "yo" que aquellos que no lo hicieron. O que la evolución en las relaciones entre dos escritores podía rastrearse en el uso de los pronombres a lo largo de su obra, como en el caso de Elizabeth Barrett y Robert Browning. Pero, sin entrar a un nivel de especialización y análisis tan minucioso, cada vez más se impone la evidencia de que la narración puede ser curativa y empiezan a proliferar los talleres de "narrativa terapéutica", por ejemplo en hospitales, donde se emplea como terapia para la recuperación de pacientes que han sufrido un ictus. Frente al sentimiento de pérdida y el cambio en uno mismo que conlleva la enfermedad, el hecho de crear y narrar la propia historia permite que cada uno asimile su experiencia y, al mismo tiempo, pueda distanciarse de ella. Prueba de que las narraciones, las palabras, son un arma secreta.

lunes, 3 de octubre de 2011

P. D. JAMES Y JANE AUSTEN

Elizabeth Bennett (Keira Knightley) con Mr. Wickham (Rupert Friend)
 en una de las versiones cinematográficas de Orgullo y prejuicio
La popularidad de Jane Austen, esa tranquila solterona inglesa que sólo publicó seis novelas y que no disponía ni de una habitación propia para escribir (esa reivindicación vendría muchos años después, con Virginia Woolf), no ha hecho más que crecer y crecer y últimamente amenaza con convertirse en una verdadera industria: películas y series basadas en sus obras, novelas que retoman a alguna de sus protagonistas, continúan la historia donde ella la dejó o incluso la llevan a lugares exóticos, como Australia; obras en las que la propia Jane se convierte en personaje de ficción, hasta la reciente utilización de los personajes y escenarios austenianos para obras de género, como Orgullo y prejuicio y zombies (un planteamiento que puede parecer absurdo, pero que ha tenido un éxito arrollador, hasta el punto de que hay en preparación una película -¡con Natalie Portman, nada menos!-y un videojuego basado en ella). ¡Si la pobre Jane levantase la cabeza! Aunque mi admiración por Austen suele mantenerme lejos de estos "pastiches" literarios, me ha alegrado enormemente la noticia de que la nueva novela de P.D. James, Death at Pemberley -cuyo lanzamiento se anuncia para el próximo mes de noviembre- es una secuela, en clave de misterio, faltaría más, de Orgullo y prejuicio. Primero, porque P.D. James es una escritora que me gusta mucho, las suyas son de esas novelas sólidamente "British", en la mejor y más tradicional línea de la literatura detectivesca, escritas con inteligencia y una prosa impecable. Una novela de James siempre es promesa de una buena lectura. Pero también porque, según leo en la noticia en cuestión, aquí el asesinado es George Wickham, el marido de Lydia, la hermana casquivana de Elizabeth que tantos problemas diera a la familia Bennett. Desde luego que si alguien en esa novela merecía ser asesinado era el sinvergüenza de Wickham. Lo complicado va a ser saber quién lo hizo: me consta que habría bastante gente interesada en su desaparición. A la espera de poder degustar esta nueva obra de P.D. James y salir de dudas, aprovecho para recomendar a los que no conozcan a esta escritora un paseo por sus libros. Conozcan al inspector Dalgliesh, aficionado a la poesía, y dense un paseo por Cambridge con Cordelia Gray. Será un buen aperitivo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

INSOMNIO, LIBROS Y UN POCO DE RADIO


Pocas cosas hay tan placenteras como dormir profundamente y de un tirón durante las horas que hagan falta. De puro natural, resulta fácil olvidarse de que el sueño no siempre viene cuando uno quiere. Cuando no viene, dar vueltas en la cama, experimentar cada pequeño ruido de la noche como un estruendo y cada arruga de las sábanas como un escollo, mientras esperas en vano ser arrebatada por la inconsciencia, puede llegar a convertirse en una tortura. Por fortuna, no me sucede a menudo, o no últimamente. Pero han habido temporadas en que he formado parte de ese ejército de insomnes que, súbitamente despiertos -por cualquier razón o por ninguna en concreto-,  pasan horas acechando un sueño que les es esquivo. El primero en la lista de mis remedios en estos casos es hacerme con un libro y, ya que no logro descansar, llenarme al menos la cabeza de historias. Con algo de suerte, al cabo de un par de horas empiezan a pesarme los párpados y caigo en brazos del sueño minutos antes de que suene el despertador. El siguiente remedio, casi tan efectivo como el primero, es la radio. Sin embargo, no puede ser un programa musical: no me pregunten porqué, pero a esas horas la música me desvela y sólo la voz humana -no importa de qué hable- logra calmar mis alteradas neuronas lo suficiente como para que, antes o después, se pongan en modo reposo. Veo pues con satisfacción que la BBC va a emitir por su canal Radio 3 una serie de programas que reúnen mis dos panaceas contra el insomnio: libros y radio. Bajo el bonito título de "The Darkest Hour", escritores insomnes, como Margaret Drabble o A. L. Kennedy explorarán el papel del insomnio en sus vidas e, imagino, en su creación literaria, mientras que el crítico John Sutherland dedicará uno de los episodios a analizar el insomnio en la literatura. Un proyecto muy prometedor. No olvidemos que Dickens era un gran insomne, mientras que está lleno de insignes personajes de la literatura universal, desde Macbeth hasta Heathcliffe, adictos a la noche y sus tinieblas físicas y mentales. El programa se emitirá a una hora apta incluso para no insomnes, las 22:45. Aunque, por lo que a mí respecta, a esa hora mis facultades empiezan ya a declinar.

lunes, 26 de septiembre de 2011

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

La Primera Guerra Mundial., calificada por sus contemporáneos como "guerra para acabar con todas las guerras",  no sólo segó las vidas de millones de personas y transformó la geopolítica y la economía del mundo occidental, sino que sembró las semillas de otras muchas convulsiones que dejarían una dramática estela de muerte y destrucción: la revolución rusa, la revolución alemana de 1918-1919 y, finalmente, la Segunda Guerra Mundial. La literatura y la historiografía que se han derivado de esta última -ingentes- han eclipsado a menudo a la Gran Guerra en el interés de los lectores. Sin embargo, las peculiares características de esta contienda -la guerra de trincheras en especial- la hacen única y merecedora de mayor atención. Para quien se interese por los aspectos históricos y militares, un buen punto de partida podría ser La Gran Guerra, de John H. Morrow. Pero para una inmersión en lo que fue el día a día de los soldados de a pie, esos que permanecieron meses viviendo entre el barro, las ratas y los cadáveres de sus compañeros, apenas cubiertos por una capa de tierra, el que quiera comprender cómo el horror y el miedo se convierten en algo cotidiano, el que quiera leer una auténtica "novela de guerra", hará bien en tomar Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque. Añadiré sólo una curiosidad: a pesar de la inmediatez y sensación de veracidad que transmiten sus páginas, en realidad Remarque sólo estuvo en el frente unas semanas, pues resultó herido por una granada y pasó el resto de la guerra en el hospital. En 1920 -igual que el protagonista de su novela El regreso- Remarque obtuvo el puesto de maestro de escuela en una pequeña localidad del norte de Alemania, Lohne. Allí conoció a August Perk, un cerrajero que, enrolado en el Ejército a los 17 años, había combatido durante toda la guerra, en el frente francés y en el ruso. Al parecer, muchas de las vivencias que Remarque retrata en su novela proceden de las experiencias que August le relató. Algunos recordarán también la adaptación cinematográfica llevada a cabo por Lewis Milestone en 1930. La visión crítica y desesperanzada que da Remarque de la guerra y de los valores que la sustentan molestó a muchos: el estreno de la película en Berlín fue boicoteado por el entonces Gauleiter del NSDAP, Joseph Goebbels y sus muchachos, hasta el punto de que su proyección debió interrumpirse durante unos meses y por fin se autorizó sólo para "personas y círculos restringidos". Ni que decir tiene que, en cuanto los nazis subieron al poder, la obra fue prohibida, y fue uno de los primeros libros que ardieron en las quemas de libros de 1933.


jueves, 22 de septiembre de 2011

DESAHOGO LIBRERO

Quedarse sin trabajo es muy duro, y más en los tiempos que corren. Aparte de la idea de que uno podrá hacer caso omiso del despertador, tiene muy pocos aspectos positivos. Bueno, quizá también el derecho al pataleo. Ya que las cosas van tan mal, permitámonos al menos un desahogo. Eso es lo que parecen haber pensado los ya ex empleados de la cadena de librerías Borders. Haciendo buena esa fantasía -que creo todo el mundo ha albergado en un momento u otro- de darte el gustazo de decir por fin  lo que piensas sobre tu trabajo, tus jefes y tus clientes, los empleados de Borders han hecho pública una lista de quejas titulada "Cosas que nunca te dije: Oda a la muerte de una librería". Y es que, mientras que en otros establecimientos el cliente suele ir bastante a tiro hecho -"quiero 200 g de jamón dulce y media docena de salchichas"-, gran parte de los que entran en las librerías tienen una idea muy, muy vaga de lo que buscan.  

Sin olvidar a esos clientes que confunden "librería" con "guardería" y permiten que sus retoños corran por ahí sin ningún freno, o el habitual lector que, aparentando hojear una revista de decoración, esconde dentro el último Playboy, el dedo acusador de estos sufridos libreros apunta en general a esos clientes que no saben lo que buscan, pero que no dudan en echarle la culpa al librero si no lo encuentran. Algunas perlas:

"Estuve aquí la semana pasada y vi ese libro justo allí." Eso no quiere decir nada, cambiamos las mesas de exposición cada semana.

Si no sabe cuál es el título, el autor o el género, pero recuerda muy bien el color de la cubierta, nosotros tampoco lo sabemos. No entendemos cómo puede ser culpa nuestra que no seamos capaces de encontrarlo.

La mayor parte de las veces, cuando devuelve un libro lo ha leído antes: y nosotros lo sabemos.

Odiamos cuando un libro se pone de moda porque han hecho una película basada en él.

Nicholas Sparks no es un buen escritor... si a usted le gusta, estupendo, pero los hechos son los hechos

Personalmente, suscribo esta última queja con todo mi corazón.

lunes, 19 de septiembre de 2011

WILLIAM GOLDING Y SUS CUBIERTAS

Tal día como hoy, un 19 de septiembre hace cien años, nació William Golding. Aunque es autor de numerosas novelas relatos e incluso algún libro de poemas, ninguna de sus obras logró alcanzar la popularidad de El Señor de las moscas (1954), la primera que publicó. Sin duda, quien no la haya leído la conocerá ya sea por alguna de sus adaptaciones cinematográficas o por haber oído hablar de ella, puesto que las cuestiones morales que plantea, ciertamente provocativas, levantaron , y lo siguen haciendo, grandes controversias. Pero no voy a entrar aquí a hablar de este asunto, que ha hecho correr suficientes ríos de tinta. Me interesa en cambio -al hilo de lo que plantea un artículo en The Guardian y aprovechando que el centenario traerá nuevas ediciones de su obra- comentar la dificultad que entraña diseñar una cubierta para esta novela. Si la creación de una cubierta para cualquier libro requiere tener en cuenta una serie de factores que no siempre resultan fáciles de casar, cuando se trata de una novela como El Señor de las moscas, la dificultad de aunar el respeto hacia lo que el autor quiere transmitir con los inevitables aspectos comerciales, se hace más aguda aún. A lo largo de la ya dilatada historia editorial de este libro, se han sucedido los intentos, de cariz muy diverso. Puede resultar interesante pasar revista a algunos de ellos.
En un principio, los editores se inclinaron por tratarla como una novela de aventuras con un trasfondo exótico:

Edición original, Faber and Faber

Edición alemana
(aunque el título figure en inglés) 
 Las ediciones "escolares", asimismo, mantienen un tono bastante inofensivo, lo mismo que algunas de las ediciones españolas en Alianza:





Poco a poco, el tono se va oscureciendo, y las cubiertas van dando entrada a elementos más ominosos o incluso sangrientos:




El motivo de la cabeza del cerdo sangrante, impactante pero no muy atractivo, es retomado en España por la edición de Círculo de Lectores, con poca fortuna (a mi juicio):


Hubo también, cómo no, algunas ediciones que se limitaron a utilizar algún fotograma de la película dirigida por Peter Brook, pero eso, señores, es la salida fácil. El editor inglés, Faber and Faber, es probablemente el que más ha reeditado la obra, y por lo tanto quien más versiones de la cubierta ha realizado. La de 1993 toma como motivo la figura de uno de los protagonistas y consigue ser visualmente atractiva, a la vez que da indicios de que no estamos ante una obra tierna o banal: 

Diseño de David Hughes

En nuestras tierras, Alianza también ha ido variando sus diseños, hasta llegar al de 2010, en que la cabeza de cerdo ha perdido la sangre, pero conserva el aspecto amenazador:


Por fin, la edición inglesa que conmemora el centenario de su autor opta por una cubierta más tipográfica, simbólica y con un cierto tono "retro". A mí, al menos, me ha gustado:



(Me disculpo por la deficiente calidad de algunas de las imágenes, no siempre he podido conseguir buenas reproducciones.)